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20 de diciembre de 2015

¿Y tú, a quién vas a votar?

-¿Y tú, a quién vas a votar?
-¿Yo? A Ciudadanos.

25 de mayo de 2014, elecciones europeas. Un hito cambió por completo el rumbo de la legislatura de Mariano Rajoy y marcó un antes y un después en la historia de nuestro país. Una candidatura encabezada por Pablo Iglesias Turrión, tertuliano de la tele, famoso por pelearse con los Inda, los Marhuenda, los del Gato al agua y demás morralla periodística, obtiene 5 escaños al Parlamento Europeo. Su partido, llamado Podemos, presentaba un programa electoral erguido sobre seis puntos: recuperar la economía, conquistar la libertad, conquistar la igualdad, recuperar la fraternidad, conquistar la soberanía y recuperar la tierra. Proponía, entre otras cosas, bajar la edad de jubilación hasta los 60 años, el impago de la deuda, un referéndum sobre la permanencia o no en la OTAN, renta básica universal y la nacionalización de los sectores estratégicos. Las televisiones se hacen eco de la sorpresa y todos esperan con expectación las declaraciones de su líder y máximo dirigente. Se espera un ambiente lúdico y festivo en la sede de Podemos. Sin embargo, Pablo Iglesias acude a rueda de prensa con un gesto serio y enfadado, y, ante los ojos de toda España, pronuncia sin miedo y con absoluta gravedad:
“No hemos nacido para ser una fuerza testimonial, hemos nacido para ganar. ¡Y vamos a ganar!”

-No, joder, no. Te han encandilado, te han vendido el discurso, te has quedado con la cara bonita, Ciudadanos va de centro-izquierda pero son tan de derechas como...
-Ciudadanos es de derechas, claro que sí. Desde luego, hay que ser inútil para tragarse la cantinela de que Ciudadanos es de izquierdas. En este país hay mucha gente que pasa de la política, pero por lo menos uno debería saber qué es lo que va a votar. Es de cultura general y es de sentido común, estamos hablando de algo que te va a afectar en la vida diaria, cojones.

En noviembre de 2014 Podemos alcanza su punto álgido, y se sitúa primero en intención de voto según la encuesta del CIS. La reacción del statu quo es implacable. Calumnias, etiquetas, portadas inquisitoriales, campañas de difamación. Ciudadanos, un partido que hasta al momento había ejercido una función residual en Cataluña, y que había acompañado al Partido Popular en casi todas las decisiones que se habían tomado en el parlamento, aparece de repente en las encuestas y será aupado por los medios de comunicación, que le otorgan una cuota de pantalla y le dedican editoriales especialmente afectuosas. Es el “Podemos de derechas” que había pedido unos meses atrás el Presidente del Banco Santander, Josep Oliu. La apuesta es segura: un joven jurista, guapo, aseado, que ya había demostrado sus habilidades retóricas.
Con la llegada de la campaña electoral los grandes empresarios se han lanzado en masa a financiar la que es su apuesta para la perpetuación de las políticas neoliberales llevadas a cabo por el Partido Popular. Anonymous le ha declarado la guerra a Ciudadanos y ha desvelado algunos de los nombres que participan en esta campaña: Mercadona, Marina D’or, la familia Kaczynski, Declan Ganley, Omega Air o el presidente del RCD Espanyol, Joan Collet, son algunos de los nombres que han surgido.

-Pero yo voy a votar a la derecha.
-Ya estamos. La derecha. Convencido de que los héroes patrios del IBEX 35 van a dedicar sus esfuerzos a hacer mejor tu vida.
-No no, desde luego que no. Las grandes empresas sólo defienden sus propios intereses. Escupen al trabajador y también a las PYMES y a los autónomos. Que Ciudadanos tenga el apoyo del IBEX 35 sí que es algo que me preocupa.
-No lo entiendo. ¿Por qué vas a votar a la derecha?
-Por que no voy a votar a la izquierda.

Mucho ha cambiado el programa electoral de Podemos respecto al que presentó en las Elecciones Europeas. La jubilación desciende sólo hasta los 65 años, se elimina el referéndum sobre la permanencia en la OTAN, se aparca de momento la voluntad de nacionalizar los sectores estratégicos; renta mínima garantizada, auditoría y reestructuración de la deuda pública y cumplimiento de los objetivos del déficit, aunque a un ritmo más lento del que nos va a exigir Europa.
Podemos cambia el discurso y deja de asociarse a la izquierda para tratar de conquistar la centralidad del tablero. Hablan en clave de “ciudadanía”, de la lucha de “los de abajo”, la gente, contra “los de arriba”, la casta. La izquierda ortodoxa renegará de ellos. Vendidos, traidores, socialdemócratas, sois solo otro partido más del sistema, un mecanismo que éste utiliza para evitar la subversión popular. Sumisos, continuistas, ¿dónde están vuestras ideas de revolución? ¿Dónde dejasteis los ideales socialistas, donde quedó vuestro apoyo a las revoluciones latinoamericanas?
La derecha más casposa seguirá tratando de etiquetarlos, encasillarlos, arrinconarlos. Chavistas, comunistas, frikis, buenistas, utópicos, mentirosos, ineficaces, déspotas. Y Pablo Iglesias, a lo suyo. En los debates de la tele, hablando de Churchill y de Keynes; y en la Tuerka, a vueltas con Gramsci, Marx y Laclau. El pueblo llano, mareado y desorientado, no sabrá a qué lado adherirse. ¿Me da usted un partido para el cambio? ¿Como lo quiere, templado, destemplado, medido, desmedido…?

-¿Sabes en qué consistió la reforma laboral del PP? ¿Sabes por qué ha bajado el paro? Porque ahora en vez de contratar a un trabajador por 1200 euros...
-A las empresas les sale más rentable contratar a dos personas a tiempo parcial por debajo del salario mínimo. La gente está tan desesperada que acepta cualquier sueldo.
-Coño, qué te voy a contar yo a ti, que te toca currar todos los veranos y conoces cómo funciona el mundillo. Si sabes que la derecha actúa en contra de tus intereses, ¿por qué la defiendes?
-A ver, hay dos cosas que no me gustan nada de la derecha: La precarización del trabajo y la privatización de los servicios públicos.
-Eso es igual que decir... que no te gusta la derecha.
-Sí. Supongo que no me gusta nada de la derecha.
-¿Y porque no votas a la izquierda? ¿Te gusta todavía menos?
-No es eso.
-¿Y entonces?
-No confío en su voluntad política. No creo que estos de Podemos vengan aquí con la intención de mejorar el país, más bien de destrozarlo.

Y llegan las alcaldías del cambio. Ada Colau, Manuela Carmena y Joan Ribó. Alcaldes que devuelven la ilusión y la dignidad a su pueblo y que, en apenas unos meses de gobierno, reducen en unos 100 millones la deuda municipal, desmontando el mito de que la izquierda no gestiona bien la economía. Y entonces entendí lo que es la izquierda. Y supe que izquierda no es un vídeo de Pablo Iglesias cantando la internacional con Pablo Hasel o un intelectual hablando del materialismo histórico. Izquierda es la gente de a pie, izquierda es cambio, dignidad, devolver al trabajador los derechos que le han sido expoliados durante todos estos años.

-¡No! ¡Izquierda es la clase obrera! ¡Izquierda es revolución! ¡Es terminar con el imperialismo y la sociedad de consumo, con la explotación infantil, con el capitalismo, con este maldito sistema criminal!

Muy bien, camarada. Tú sigue con tu lucha. Sigue ondeando tus banderas, sigue aferrándote a tus símbolos, mientras no haces absolutamente nada por cambiar un ápice de ese sistema que tanto (y con tanta razón) criticas. Dile a tu vecino, que lleva dos, cinco, ocho años sobreviviendo a base de trabajo precario y saltando de contrato basura en contrato basura, que su delicada situación es debida a la hegemonía cultural de los poderes fácticos. Él asentirá convencido, después encenderá la televisión y escuchará que la culpa de que no tenga un trabajo estable es que los inmigrantes vienen a robarnos el trabajo. Tu vecino votará hoy a la derecha.


-En lo que no confías es en la voluntad política de la derecha, porque sabes que la derecha actúa en contra de tus intereses, eso lo sabes perfectamente. Puede que desde los medios te hayan infundido el miedo respecto a la ideología que representa la izquierda. Pero no son más que falacias. Date cuenta de una cosa. Asumes que no te gusta nada de la derecha, asumes que la derecha no defiende tus intereses, pero no quieres votar a la izquierda porque no te fías de su voluntad política. Si esa última idea de repente se emancipara, encontraras una prueba irrefutable que la borrara de tu cabeza y te convenciera de su falsedad, ¿qué es lo que automáticamente pasaría?
-Votaría a la izquierda. Sí.
-Entonces... vaya, me has dejado con una mezcla de melancolía y desesperanza. A veces la izquierda peca un poco de dogmatismo, egolatría. ¿Por qué al iniciar la conversación inmediatamente asumí que estabas equivocado en todos tus conceptos? Si no te he tenido que explicar nada, si ves esa realidad tan palpable, que esta ahí, con los mismos ojos que yo lo veo. Si yo no te tengo que convencer de nada, nada más que es mi deber jurarte, prometerte de todo corazón... que estos chicos que vienen de forjarse en los barrios más humildes, de sacarse la carrera al tiempo que debían trabajar de camareros en cualquier cutrebar para sacarse sus perrillas, que los que vienen de parar desahucios y  luchar contra la corrupción, que los que vienen del campo o de defender a los trabajadores en los sindicatos, que incluso estos que vienen de ejercer la enseñanza en una educación pública y que son todos nietos de republicanos que se dejaron su piel, su vida y su corazón por luchar contra el fascismo... no vienen aquí con la intención de destrozar nada, no vienen aquí con la intención de montarse su chiringuito. No, no es a eso a lo que vienen. De eso estoy completamente seguro.

Podemos se ha ido moderando, pero también se ha ido rodeando de todo un equipo de expertos asesores y profesionales de primer nivel, que han ido articulando su propuesta de cambio. Tenían un objetivo, lo dijeron desde el principio, que era ganar estas elecciones. Otra cosa no, pero sin duda hay que reconocer que se han preparado y que han batallado para ello, con sus uñas, con sus garras, con sus dientes. Manteniendo en todo el momento el vilo, la esperanza, el carácter republicano de nuestros abuelos, aquel viejo anhelo de asaltar los cielos. Sé que muchos estaremos pendientes hoy de su resultado, y lo estaremos también del resultado de Unidad Popular. Porque he hablado con mucha gente que va a ir a votar con ilusión y con dolor. Con ilusión porque la izquierda, por primera vez en la historia, puede ganar unas elecciones en España. Con dolor porque su voto va a conllevar un sacrificio: o escaños o ideales. O cabeza o corazón, me han llegado a decir, ojalá pudiésemos aportar ambos órganos en nuestra papeleta, pero esta vez (otra vez) la izquierda tendrá que elegir. Y duele tanto porque sé que hoy la unidad de la izquierda no está tan rota como lo estuvo en las dos grandes derrotas que ha sufrido en este país: la Guerra Civil y la Transición. Lo noto, lo huelo, lo presiento. Estamos juntos en esto. El error, desde el primer momento fue no explicar bien qué era la izquierda, qué intereses protege, qué ideal de sociedad construye. El error fue no tener el orgullo y la valentía de defender desde el primer momento aquello que somos, aquello que queremos conseguir.  


-Pero y mira Syriza, lo que prometían y como acabaron.
-Claro, pero es que Grecia sólo representa un 2% del PIB de la Unión Europea. No tiene poder de negociación con la Troika.
-Ese es el problema. Europa son los poderes financieros y la derecha económica. No podemos hacer nada.
-Ah, entonces... sabes que la derecha no va a defender tus intereses, pero sin embargo la votas porque no hay otra solución, porque no se puede cambiar el rumbo que Europa ha tomado.
-Claro.
-Pues entonces...¡No salgas a votar! ¿De qué sirve entonces votar? ¿De qué sirve entonces la democracia? Coño... vivimos casi en una dictadura y tú mismo lo estás reconociendo. El único mínimo resquicio de cambio, de viraje democrático y social del que disponemos es aquel que experimentaremos el domingo 20 de diciembre. ¡Debemos aprovecharlo!
-Ojalá tuvieses razón, Blai, y ojalá te la pudiese dar dentro de cuatro años, pero no sé... hay que ser realista.
-Y voy a ser realista. Grecia es sólo el primer paso, pero en Portugal también ha llegado ya la izquierda. Nosotros ya sumamos un poquito más. Y si Corbyn llegara a ganar en el Reino Unido pues ese poquito se iría haciendo cada vez más grande. Querido amigo, se realista. Piensa en ti dentro de unos años. Piensa en tus hijos, en el futuro que les vas a dejar. Piensa, cuando formes parte de esa primera generación de la historia en la que los hijos van a vivir peor de lo que vivieron sus padres... cuando veas a tus hijos sin futuro y sin aspiraciones, mendigando por encontrar un trabajo vagamente remunerado en un sector que no es el suyo... piensa en el momento en el que te preguntarán: ¿Y oye, tú en las elecciones del 20 de Diciembre de 2015, a quién votaste? ¿Qué les dirás? Les dirás, ay hijos, en el fondo lo sabía, lo intuía, pero no me atreví, no tuve el valor necesario, no me fiaba del todo, quise ser realista, no creí que el cambio fuese posible. Me resigné, me acongojé. ¿Qué jodida lección de vida es esa?

He aprendido mucho en estos emocionantes años y he adquirido grandes lecciones. Pero hay una cosa de la que cada día me doy más cuenta. Vivo en un gran país. Me siento enormemente orgulloso de pertenecer a él. En mi país tan pronto como estoy con alguien discutiendo ferviente mis posiciones políticas estoy con ese alguien tomándome una cerveza entre risas y gracietas, hablando sobre cualquier tema o contando cualquier anécdota. Mi país me produce nostalgia y arraigo, porque es allí donde he forjado mis raíces, allí donde he vivido mis historias, es lo que me ha hecho ser la persona que soy ahora. Soy patriota, amo mi país, deseo lo mejor para él. Mi país se merece ser un país mejor, más digno, más rico, más orgulloso, mi país tiene hoy una oportunidad y se merece la oportunidad de aprovecharla.
Y es que ya lo dijo con gran acierto el sabio Mujica. Un país son tus amigos, y eso sí se extraña.





¿Y tú, a quién vas a votar? Mi buen amigo, con el que me encanta discutir, votará a la izquierda.




13 de diciembre de 2015

Estamos en campaña


Estamos en campaña electoral. Y se nota.

Se nota por la cantidad ingente de carteles con el rostro de Sánchez o Mariano pasados por el Photoshop. Alguno hay también de Soraya, cómo no.
Se nota por el gigantesco cartel de Ciudadanos desplegado en Atocha. Algunos ven la profecía de Orwell hecha realidad, yo veo una ridícula americanada.




Estamos en campaña y se nota. Se nota porque los políticos van a la televisión a echarse bailecitos, o al programa de Bertín Osborne a recibir una mamada. Rivera no ha ido, pero ya ha recibido la suya en el hormiguero (ese programa de humor cateto en el que de vez en cuando se hace política para catetos). Iglesias… a Iglesias nadie se la quiere chupar, pero él va siempre con la chorra fuera.
El que no recibe nada, ni felaciones, ni cariñitos, ni masajes en la espalda es Alberto Garzón. Al chaval lo marginan de todos los debates, es el pobre incomprendido de la política española. Lo peta en Twitter a cada debate, ese es su único consuelo. Un consuelo de mierda, vaya.


Estamos en campaña y se nota. Se nota porque la cocina del CIS trabaja a todo gas y el olor a refrito se expande por todas las comarcas. Aquí cada encuesta va a lo suyo. Ciudadanos segunda fuerza política. Porque así tiene que ser. Síganme, indecisos. Súbanse al carro ganador. Mayoría absoluta de la derecha. Síganme, indecisos. Súbanse al carro ganador.

Estamos en campaña y se nota. Se nota porque se habla de política en las calles. Se nota porque sabemos todos de economía, porque tenemos la solución al fracaso escolar. Se nota porque ahora nos preocupa la violencia machista, pero oigan, no hay problema compañeros, recuerden los ojos vidriosos de Soraya y su consejo de madre. Ya está todo solucionado. 51 víctimas mortales en lo que va de 2015.

Estamos en campaña y ya nadie habla de suicidios. 3870 personas muertas por suicidio en 2013 (último año del que existen datos en el INE), lo que supone un aumento del 22% desde el inicio de la legislatura. Estamos en campaña y ya nadie habla de pobreza. Un 29,2% de población en riesgo de pobreza o exclusión, las cifras más altas de nuestra democracia.

Estamos en campaña y no salen artículos hablando de la ley electoral. Informando a la población de cómo funciona el sistema de circunscripciones que emplearán el día 20, único indicio de la existencia de una democracia en este país. Ningún artículo explicando por qué miles de votos a Unidad Popular se irán directamente a la basura. Ningún artículo explicando al hombre de ciudad que su voto vale menos que el de las zonas rurales, que su voto pensado, analizado y consensuado desde su sentir racional, tendrá menos valor que el del anciano aislado de la estepa profunda que el día 20 introducirá la papeleta del Partido Popular, obedeciendo servilmente a los mandatos del Señor. España de zarzuela y castañuela, castiza, como el garrote que os atiza.

Estamos en campaña y nadie cuestiona a la Monarquía. Estamos en campaña y nadie cuestiona a la Iglesia. Estamos en campaña y nadie habla de brutalidad policial. Tenemos miedo y nadie quiere tocar el Ejército. Tenemos miedo y nadie quiere tocar el Estado. Tenemos miedo y la verdad nos da aún más miedo.

Pablo Iglesias sonríe. Albert Rivera cuenta contigo. Pedro Sánchez es la única opción de cambio. Mariano Rajoy ya tal.

Estamos en campaña y se nota, queridos lectores. A estas alturas, ya sólo les pido una cosa. No se dejen engañar.








22 de noviembre de 2015

La sombra del ISIS

''...prescribimos a los Hijos de Israel que quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido en la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad'', (Sura 5, vérsiculo 32).

El Corán, el libro sagrado de los musulmanes, recoge este mandato en una de sus suras o capítulos. Si uno lee el Corán, puede ver, conforme va avanzando en su lectura, que es un libro contradictorio, con una doble moral. El 60% de sus textos habla sobre la guerra, mientras que el otro tanto por cierto se centra en las buenas enseñanzas del islam. Con los atentados de París de la semana pasada, la sociedad occidental se ha visto inmersa en una oleada de terror. El ISIS se ha convertido en el enemigo público a batir por Estados Unidos, Europa e incluso Rusia. Con una difusión de puro marketing, y con una realización de vídeos al estilo hollywoodiense, el Daesh ha sembrado la semilla del miedo en el viejo continente. La idea principal del islam más radical es la implantación de un califato. Sin embargo, no toda la umma -los creyentes musulmanes- sigue las ideas impulsadas por el radicalismo.

''¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué cuando se os dice: id a la guerra por causa de Dios, permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco...?'', (Sura 9, versículo 38). ''Si no vais a la guerra, [Dios] os infringirá un doloroso castigo. Hará que otro pueblo os sustituya sin que podáis causarle ningún daño. Dios es omnipotente'', (Sura 9, versículo 39). Parece que el Corán incita a los creyentes a hacer la guerra santa, a luchar contra los infieles. Todo por el nombre de su dios: Alá.

Lo que tristemente pudimos ver la semana pasada en París es consecuencia de esos mandatos más radicales y bárbaros del Corán y, evidentemente, del ISIS, el nuevo Al-Qaeda. Los atentados del 13-N, la suspensión del partido de fútbol que enfrentaba a Alemania contra Holanda en Hannover o el asalto policial en Saint-Denis son algunos de los acontecimientos que nos ha dejado la última semana y que han calado en el imaginario colectivo de Occidente. Al-Qaeda ha quedado atrás, ahora se alza ante nosotros un nuevo grupo terrorista, mejor preparado, que tiene como base algo imparable: el terror.


Plaza de la República (París). Flores en honor a las víctimas del atentado.


El radicalismo islámico viene de lejos. Desde la separación de la umma en dos: chiíes y suníes, y revisando el pasado más cercado (la Guerra de Irak), podemos llegar a comprender, en parte, todo lo que está sucediendo estos días. El ISIS nace de Al-Qaeda y, tras destronar al grupo terrorista liderado por Osama Bin Laden, comienza a hacerse conocido al participar, por ejemplo, en la guerra de Siria. La idea principal del nuevo grupo yihadista es restablecer el califato de la Edad Media. En Occidente consideramos esta etapa como algo oscuro, pero en el mundo musulmán, la Edad Media es la edad de oro. Actualmente, el ISIS controla gran parte del territorio de Siria e Irak. Ya allí, desde que se inició la guerra siria, imponen su mandato a base del derramamiento de sangre; a ello se debe la llegada a Europa en este último año de muchos refugiados sirios, que huyen de esta barbarie. Siria es un país destruido, no solo por los escombros de edificios que podemos ver en imágenes, sino también porque, a pesar de que sigue habiendo un gobierno, es el ISIS quien controla parte del país.

Lo que hay que preguntarse es de dónde saca el grupo terrorista su fuente de ingresos. El ISIS, al estar asentado en Siria e Irak, tiene a su disposición una rica fuente de financiación natural. El Estado Islámico controla yacimientos de petróleo que utiliza para financiarse, vendiendo el crudo en un mercado negro. A pesar de esto, se estima que gran parte de sus ingresos los consigue a través de donaciones públicas y privadas provenientes de países del Golfo Pérsico e, incluso, de Occidente. Pero la cosa no queda ahí. En Siria e Irak, se cree que el ISIS controla unos 24 bancos de la zona; bancos, además, que están en activo y que el grupo terrorista utiliza para financiarse, pues la comunidad económica internacional no ha puesto de momento ninguna sanción para impedir esto. De esta forma el grupo yihadista consigue un presupuesto de más de dos millones de dólares para seguir con su guerra santa.

El ISIS avanza conforme pasan los días, sintiéndose más fuerte y viéndose capaz de restablecer su ansiado califato islámico. Tras los atentados de París, al ISIS ahora se le llama Daesh. Ambos términos son lo mismo. ISIS supone tomarse a este grupo de asalvajados como un Estado en sí, y Daesh como la unión de varios grupos yihadistas que quieren crear un Estado islámico. Da igual llamarlos de una forma u otra, ya que en Siria el ISIS actúa como un Estado, imponiendo sus leyes religiosas a los pueblos que va conquistando, cobrando impuestos que ayudan a su financiación y reclutando gente para sus filas yihadistas.

Según los datos que se conocen, el ISIS cuenta con un ejército de unos treinta mil hombres. Debemos entender que es una organización mucho más preparada que Al-Qaeda, empezando por su líder, Al Baghdadi, y terminando por esos yihadistas que se inmolan. El ISIS tiene un ejército de hombres que hace la guerra a través de las armas y, por otro lado, un ejército de yihadistas suicidas. Viendo algunos de sus vídeos, podemos observar que cuidan hasta el más mínimo detalle. Los miembros del ISIS son gente con recursos, que saben idiomas y tienen estudios. Los cabecillas que preparan atentados o ataques son personas inteligentes y, dentro de la organización, tienen una mayor esperanza de vida; no corren la misma suerte los que se inmolan. Para la captación de adeptos, el ISIS utiliza sobre todo las redes sociales. A través de Internet promueven sus ideas y su marketing. De esta forma consiguen reclutar miembros en Europa.

En España también tenemos este problema. En zonas cercanas, como Tánger o Castillejos, e incluso en Ceuta (en el famoso barrio de El Príncipe) o Melilla, el ISIS se infiltra entre la población tratando de reclutar nuevos miembros. Así, en Ceuta, por ejemplo, muchos jóvenes se han marchado a hacer la guerra santa, incentivados por miembros yihadistas ocultos en la sombra. Las personas que unen al ISIS lo hacen, o bien por el fanatismo religioso que sienten, o porque están en paro y necesitan dinero. La mayoría de españoles y marroquíes que son captados por la célula terrorista son utilizados como suicidas. El Estado Islámico les promete unos 3.000 euros por inmolares, y que ese dinero irá destinado a sus familias. Al final, cuando el suicida se hace explotar a sí mismo y mata a un número de personas, el ISIS no cumple su promesa.


Barrio de El Príncipe (Ceuta).


Marruecos es una zona cero para el ISIS, un nido de cuervos del que nace el terror que los terroristas quieren expandir en Occidente. La cercanía del país con Europa -en concreto, con España- facilita la llegada de yihadistas al viejo continente; el tráfico de drogas que se da en Tánger, Ceuta o Castillejos favorece no solo al reclutamiento de nuevos miembros, sino también la entrada de yihadistas a través del estrecho de Gibraltar.

Con la globalización, la llegada de inmigrantes a los países occidentales es un mantra que se repite durante años, algo a lo que estamos acostumbrados, a pesar de que en Occidente sigan existiendo focos racistas. El gran problema que debemos considerar en Europa, a raíz del 13-N, es que pueden existir grupos yihadistas inmersos en nuestra sociedad. Es más, los cabecillas de los atentados de París habían nacido en el viejo continente. A diferencia del caso de Marruecos, donde los reclutados suelen ser personales marginales, muchas de los que que se unen al ISIS en Europa tienen estudios y vienen de familias medias. La clave para entender su inmersión en el radicalismo islámico la encontramos, quizá, en la inadaptación social, lo que les hace, por tanto, más susceptibles de unirse al ISIS. El racismo sigue existiendo, es cierto, pero al igual que ni todos los musulmanes son yihadistas, no todos los europeos son racistas. La integración de los inmigrantes en una sociedad empieza por aceptar su cultura, cosa que se hace -en parte-, pero también debe conseguirse por medio de la colaboración de los propios extranjeros.

El problema que supone el yihadismo es que este se asocie con los refugiados sirios, tal y como está sucediendo. La xenofobia, el odio hacia el inmigrante, solo trae consigo la victoria del ISIS, la separación de dos culturas, que es lo que los yihadistas quieren. La cultura es conocimiento. Hay diferentes modos de expresión de la cultura, es cierto, pero conocer las bases que sigue otra sociedad es algo muy enriquecedor. Si seguimos una línea racista y de odio, estamos consiguiendo que el ISIS nos desestabilice. Ahora más que nunca, todas las culturas del mundo, pero sobre todo la occidental y la islámica, deben estar unidas.


''El islam es paz'', dice la pancarta en una manifestación en Milán.


''Los verdaderos creyentes son aquellos cuyos corazones están penetrados de terror cuando se pronuncia el nombre de Dios, aquellos cuya fe aumenta a cada lectura de sus enseñanzas, aquellos que no ponen su confianza más que en su Señor'', (Sura 8, versículo 2). Matar en nombre de Dios, provocando terror, no es cosa de valientes. El ISIS es una nueva forma de terrorismo, pero, más bien, es una forma de terror. Y eso es lo que debemos evitar. A partir de ahora tendremos que acostumbrarnos a vivir con avisos de atentados casi todas las semanas. Las cosas no van a ser igual ya. La sociedad occidental se ha sumido durante años en el buenismo, en creer que nada malo nos iba a pasar, y con los atentados de París nos hemos dado cuenta de que estamos en el punto de mira. Siria lleva viviendo esta realidad desde hace cuatro años. Ellos huelen la sangre cada día. Los yihadistas no tienen miedo a morir, y nosotros -la amplia mayoría- quiere seguir viviendo en el confort. En vez de hablar de una Tercera Guerra Mundial, deberíamos pensar más en la sociedad occidental, en su debacle, en la crisis de valores a la que nos enfrentamos. El terror propagado por el ISIS nos los está mostrando más que nunca. La sombra del ISIS se cierne sobre Occidente, quizá es hora de despertar de una vez, de dar más importancia a la vida, de educar a los jóvenes en espíritu crítico, de tener más cariño por nuestro planeta, de ser más humanos. Y de combatir el terror. Grecia, Roma, Egipto. Esas, entre otras civilizaciones antiguas, ya cayeron, en parte, por la decadencia interna de sus sociedades. No permitamos que a nosotros nos ocurra lo mismo. Que el 11-S, el 11-M, el 13-N, la guerra de Siria y los atentados que se producen aquí y allá sirvan para hacernos cambiar, para que no se produzca nuestra caída.

14 de noviembre de 2015

Viernes negro en París


La noche del viernes 13 París ha vivido uno de los episodios más terribles de su historia. Hasta ahora se han confirmado 127 muertos y más de 90 heridos graves en un baile de cifras que no ha dejado de aumentar en la pasada madrugada. El Estado Islámico ya ha confirmado su autoría en lo que viene a ser el mayor atentado yihadista producido en la Europa occidental.





Los hechos comenzaron en los alrededores del Stade de France, donde se estaba disputando el partido amistoso entre las selecciones de fútbol de Francia y Alemania. Tres explosiones producidas por kamikazes se escucharon y fueron captadas por las cámaras que retransmitían el partido en directo: la primera a los 16 minutos, la segunda a los 45 minutos y la tercera al inicio de la segunda parte. Estas explosiones no produjeron víctimas a parte de los propios kamikazes: eran la señal de guerra. A pesar de ello, el partido no fue suspendido para no provocar el pánico de los 78000 espectadores, que tuvieron que ser aislados en el interior de estadio por motivos de seguridad y no fueron desalojados hasta pasadas la una de la noche. Ya conscientes del drama vivido, los aficionados entonaron 'la marsellesa' a la salida del estadio.

El presidente François Hollande estaba presente en el estadio y fue inmediatamente desalojado tras la primera explosión. Poco después se producían una serie de tiroteos en el este de París: en la calle Charonne, en la Fontaine au roi, en la calle Alibert y en el bulevar Voltaire. Estos tiroteos se llevaron un total de, al menos, 49 muertos, entre ellos uno de los atacantes. Sobre las 21:45 se produjo el ataque en la sala de fiestas Batacan, donde se celebraba un concierto de música del grupo Eagles of Death Metal. Cuatro asaltantes de entre 15 y 18 años irrumpieron a cara descubierta en la sala, con capacidad para 1500 personas, armados con fusiles de asalto kalashnikov, y vaciaron tres cargadores sobre los presentes en un tiroteo que duró más de 10 minutos. Después tomaron al resto de personas que no habían conseguido huir como rehenes durante más de tres horas, hasta que las fuerzas especiales consiguieron entrar el teatro y recluir a los terroristas en la segunda planta. Tres de ellos activaron sus cinturones explosivos, el cuarto fue abatido a tiros.

Para entonces, el horror estaba servido. Quedaban por contar los cadáveres de Bataclán, que en medio de la madrugada elevaron el número de víctimas hasta las 127 que, de momento, hay confirmadas. Hollande había declarado el estado de Emergencia y anunciado el cierre de fronteras. El 13-N ya era parte viva de nuestra historia.



Estos han sido los sucesos. No tenía previsto tener que hablar sobre algo tan terrible. Había preparado un artículo sobre el proceso catalán que subiré el domingo que viene. No me alegra haber tenido que cambiar de planes. Pero quiero dejar constancia de dos cosas sobre las cuales debemos reflexionar muy seriamente tras este trágico episodio:






Primero. Me ha parecido absolutamente deplorable y vergonzosa la actitud de las televisiones españolas frente al suceso. Una vez se conocieron los hechos, ninguna televisión se dignó a cortar su hedionda mierda de programación para informar en directo sobre lo que estaba ocurriendo. ¿Qué era aquello tan importante que estaban retransmitiendo, que no se podía interrumpir bajo concepto ninguno? En TVE, cine; En Antena 3, Tu cara me suena; en Telecinco, Sálvame deluxe; en Cuatro, Hermano mayor y en La Sexta, Equipo de investigación. Nuevamente la radio e Internet fueron los mejores aliados para quienes quisimos estar informados. Antena 3 sólo cortó Tu cara me suena ya casi a las 12 de la noche debido a la presión de las redes sociales y ofreció un breve de 8 minutos, para luego seguir con el programa musical. El Canal 24 horas (junto con 13 TV) fue el único que dedicó una cobertura en directo, pero cabe destacar que este canal tiene una audiencia media que no llega al 1% de share. Un dato que anoche multiplicaron por ocho para alcanzar una cifra de 7,7%, por lo que los directivos no pueden escudarse en la audiencia para justificar el hecho de que no cortaran la conexión. Los ciudadanos no somos tan ignorantes ni tan desinteresados como algunos pretenden hacernos creer.

Aquí vengo a elogiar, eso sí, el trabajo del equipo de TVE 24h que realizaron una excelente cobertura del suceso conectando frecuentemente con diversos corresponsales y manteniéndonos al tanto de las reacciones internacionales. No he de decir lo mismo de la calidad del debate que se llevó a cabo en el plató, comandado por periodistas rancios y de la derecha más casposa, pero poco más podíamos esperar de TVE. Por lo menos me mantuvieron informado, eso sí, siempre un paso por detrás de los medios digitales y tres pasos por detrás de Twitter.









Segundo. Que esta tragedia no sirva para alimentar el odio a los refugiados y la islamofobia. Ya lo dije tras los atentados de Charlie Hebdo, y hoy lo vuelvo a reivindicar. No debemos culpar al Islam por estos crímenes. Mucho cuidado con confundir las causas del problema con sus consecuencias. Los refugiados que están llegando a todas partes de Europa huyen de los mismos asesinos que ayer perpetraron el ataque a la capital francesa. Allí en Siria hay miles de musulmanes que están luchando por liberar a su país de las garras del ISIS. Este tipo de atentado que tanto nos escandaliza es el pan de cada día para los países en que el Estado Islámico tiene instauradas sus bases. El jueves mismo, tuvo lugar un ataque terrorista en Lebanon (Líbano) que dejó decenas de muertos y no he visto un solo medio de comunicación que se haya hecho eco de ello. Os dejo una imagen del hecho:





Y para los que defienden el cierre de fronteras, con tal de asegurarnos de que ningún ISIS se infiltre en los refugiados, cabe recordarles una cosa. La Guerra de Siria la hemos provocado nosotros. El ISIS ha sido un grupo armado, entrenado y financiado por los países de la OTAN, con Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia a la cabeza. El presidente Hollande admitió hace unos meses haber entregado armas letales a los rebeldes sirios. Los motivos, una vez más, los intereses petrolíferos. Ahora es, por tanto, nuestra responsabilidad acoger a los refugiados. De todos modos, dudo mucho que los miembros del ISIS, la mayoría, por cierto, mercenarios reclutados a través de Internet, necesiten esconderse entre los refugiados para acceder a los países de Europa. La mayoría ya están instalados, o pueden viajar a través de otros métodos más cómodos.




El presidente Hollande con Salmán bin Abdulaziz, dictador de Arabia Saudita, uno de los países que han financiado el ISIS


Cría cuervos y te sacarán los ojos. El ISIS es producto de las políticas imperialistas llevadas a cabo por los países occidentales, que ahora no saben como reaccionar frente a un problema que se les ha ido de las manos. Pasó con Al-Qaeda y vuelve a ocurrir ahora. No aprendemos de nuestros errores. Y mientras tanto, las televisiones callan y se llenan la boca de palabras vacuas y políticamente correctas. Ocultando a la gente la raíz del problema lo único que consiguen es seguir fomentando un odio injustificado que cada vez está más asentado en nuestra sociedad. Hoy Europa llora lágrimas rojas, blancas y azules. Por la noche en Oriente Medio las estrellas verdes gritarán con angustia y dolor, testigos una jornada más de las masacres que el hombre acomete en nombre de un dios que no nos acogerá. Este es el mundo que entre todos hemos provocado. Hoy yo lloro nuestra desgracia.



8 de noviembre de 2015

¿Por qué todo el mundo odia a Ana Pastor?


He empezado mi andadura en The Newsblog en medio de una amalgama mental que ha dado lugar a dos artículos en los que, torpemente, divagaba acerca de cuestiones tan existenciales como el humanismo o la naturaleza del ser humano. Tras una semana de descanso me he relajado un poco y he vuelto con otra cuestión, pero esta vez mucho más terrenal y enfocada al mundo del periodismo. Es una de esas preguntas que vienen a mi cabeza semanalmente, concretamente los domingos por la noche, tras echar una ojeada a esa caldera en ebullición que es Twitter mientras veo El objetivo. Luego se me va de la cabeza, pero esta vez he tratado de recogerla para intentar responderla en este artículo. Y bien, la pregunta es:


¿Por qué todo el mundo odia a Ana Pastor? (Vale, sí, la pregunta es el título, pero había que mantener un poco el suspense)


No, en serio, a ver. Cierto que tiene tantos detractores como defensores, sobretodo desde su llegada a La Sexta, pero lo cierto es que no deja indiferente a nadie. Lo que fundamentalmente se critica de ella es su forma de hacer entrevistas, que causa recelo tanto en la derecha como en la izquierda. De la derecha se puede entender este odio, debido a la cadena para la que trabaja y por su pensamiento ideológico. Pero hay un amplio sector de la izquierda al que también les resulta insoportable, y no pueden aguantar más de diez minutos de entrevista sin ponerse histéricos. Estoy seguro de que muchos de los lectores, cualquiera que sea su perfil ideológico, se van a sentir identificados con esto que estoy diciendo.
¿Por qué una simple periodista causa tanto debate por el simple hecho de hacer su trabajo? Veamos cuales son las principales críticas que recibe.




De Ana se dice que interrumpe constantemente a los invitados y no les deja hablar, que quiere ser protagonista en todas sus entrevistas. ¿Es eso malo? En absoluto. Hace bien. Hay dos tipos de entrevistas. Están las entrevistas atemporales, de tipo artístico, cultural o bien a figuras de autoridad que, más allá del interés general, tienen una serie de valores de carácter constructivo y productivo que aportar a través de su testimonio. En este tipo de entrevistas, el protagonismo del entrevistado debe ser total. Ahora bien, en las entrevistas de tipo político que tienen una demanda temporal, el periodista debe intervenir constantemente para mediar el tono discursivo y evitar que la entrevista se convierta en un mitin o en un alegato, por mucho que los designios del entrevistado sean más o menos legítimos. Ana Pastor es una especialista en el segundo tipo de entrevistas —mucho más difíciles—, pero también es capaz de cambiar el tono y darle las riendas al entrevistado cuando la situación lo requiere (como ocurre en el último programa con la entrevista a Malala).

De Ana Pastor también se dice que da la sensación de que las preguntas que transmite no corresponden a su pensamiento, sino que lo que trata es de trasladar cuestiones que 'se supone' la gente se pregunta. Esto hace que muchas personas se alarmen ante ciertas cuestiones que se atreve a realizar y que, dicen, “la dejan en evidencia”. Ejemplo reciente de ello lo tenemos en la última entrevista a Ada Colau, donde al hablar de la desobediencia civil comparó el dejar de pagar el IVI con la lucha por derechos fundamentales como la vivienda o la autodeterminación de los pueblos. El planteamiento de Ana Pastor es, efectivamente, bastante pobre, pero no deja de ser uno de los argumentos usualmente utilizados por una amplia mayoría de la población cuando se pone este debate sobre la mesa. El periodista, en tanto que ejerce como portavoz del ciudadano, tiene la obligación de trasladar ese tipo de cuestiones si están presentes en la calle. Esto es, de hecho, más que un ataque, una oportunidad para el entrevistado, que a través de su argumentación va a poder desmentir ciertos tópicos arraigados al ideario popular. Ana no queda como una estúpida, Ana pregunta, allá cada cual que se identifique con el discurso que quiera.


Ana Pastor con Manuela Carmena, en una de sus entrevistas más criticadas en la red



Lo que en realidad ocurre es que para el ciudadano de izquierdas resulta muy frustrante ver como una periodista que, supone, tiene una idea de sociedad similar a la suya, construya una entrevista capaz de atentar contra esa idea de sociedad. Es decir, si una periodista etiquetada como de izquierdas —ya no Ana Pastor, sino cualquiera— consigue dejar en evidencia a Pablo Iglesias o a Alberto Garzón en una entrevista, esto le genera una frustración porque piensa que esa entrevista va a tener una repercusión real que afecta negativamente a su idea de sociedad. Que eso lo haga un periodista de derechas, fastidia, pero al menos podrá recurrir a la excusa de la manipulación informativa que surge de la injerencia de los poderes fácticos en los grupos mediáticos. Que lo haga una periodista de izquierdas, sin embargo, le romperá los moldes completamente.

¿Cuál es la raíz del problema? Nada más ni nada menos que una concepción absolutamente equivocada del periodismo. Periodismo NO ES una herramienta de cambio social. Periodismo ES un instrumento de control de los poderes públicos. A mí también me atrae pensar en el hecho de que el periodismo actúe de un modo tal que consiga cambiar el pensamiento de la gente y llevar un gobierno de izquierdas al frente de nuestro país. Pero ese es un pensamiento peligrosamente interesado y que linda demasiado cerca de la propaganda política característica de los regímenes autoritarios. Los periodistas, aún en una situación de crisis del sistema dramática como la que estamos viviendo, no deben olvidar nunca su función, ni aunque sea momentáneamente. El cambio social lo deben mover otros agentes.



Prefiero pensar que si todos los periodistas fueran como Ana Pastor, si el periodismo estuviera poblado realmente por periodistas y no por conductores de la opinión pública, la sociedad tendría la madurez suficiente para despertar, y al pensar por sí misma, los resultados electorales se acercarían más a aquellos que corresponden con el interés general de la población. Pero el panorama mediático español está hoy controlado por esos mediadores de la opinión pública que son los bancos y las grandes empresas, y que tienen en sus lacayos portavoces a los periodistas. Mientras eso no cambie, y mientras que los españoles no seamos capaces de adquirir nuevos hábitos de consumo informativo que se alejen todo lo posible de los medios tradicionales, el cambio político no llegará nunca. No el 20-D, a tenor de las encuestas. De eso no me cabe ninguna duda.


25 de octubre de 2015

Rousseau tenía razón

Alguno de ustedes ya habrá tenido el placer de leer el artículo que ayer publicó Diego Serradilla en este mismo blog, en el que hablaba de la consciencia cósmica y llegaba a una serie de conclusiones sobre la naturaleza del hombre. Dio el casual de que la lectura de mi anterior artículo, acerca del humanismo, despertó en él las mismas curiosidades que precisamente en mí habían rebrotado a raíz de su escritura. Y poca cosa hay más reconfortante que comprobar, de primera mano, que el sentido que traté darle al artículo había sido captado por otro lector y había sido desglosado y reinterpretado a partir de sus códigos y sus experiencias. Este artículo recoge la senda marcada por el anterior para versar acerca de la naturaleza del hombre. Durante mucho tiempo me ha fascinado esta cuestión, porque creo que en ella está la raíz del éxito o del fracaso de las sociedades. Hay dos posturas básicas, forjadas en la época de la Ilustración que son ampliamente conocidas y forman parte de nuestro imaginario cultural. Por un lado, el británico Hobbes, con su homo homini lupus -el hombre es malo por naturaleza-, y por otro lado la visión opuesta de Rousseau, con el mito del buen salvaje.
 
Durante un buen tiempo estuve, no convencido, pero sí acojonado de que Hobbes pudiese tener razón. Al fin y al cabo, somos animales, y sólo hay que echar un vistazo a la naturaleza para observar que los animales somos seres crueles y despiadados, capaces de cualquier cosa por garantizar nuestra propia subsistencia. No podía, sin embargo, comulgar con las tesis autoritarias de Hobbes. Si el hombre es malo por naturaleza ¿qué sentido tiene poner el devenir de una sociedad a cargo de uno solo? Ni siquiera la tecnocracia, que hubiese sido desde luego una propuesta mucho más lógica, parecía la solución más adecuada al problema. Mucho mejor tratar de encontrar, mediante el consenso, posiciones que garantizasen nuestra cómoda supervivencia y adoctrinasen nuestro instinto, conduciéndolo hacia necesidades banales. Suena mejor, pero para mí no dejaba de ser una tragedia, pues suponía que el ser humano era incapaz de cuidarse a sí mismo, que toda nuestra concepción del arte estaba equivocada -pues veíamos belleza donde sólo había caos y hostilidad- y que el consumismo enfermizo que habíamos creado en el último siglo tenía su razón de ser.


Rousseau (izquierda) y Hobbes (derecha)

 
Han sido tantos los escritores que han tratado de abordar esta cuestión a través de sus libros, que la naturaleza humana se ha convertido en todo un tópico literario. Quienes defienden la perspectiva de Hobbes no dudan en mencionar El señor de las moscas como ejemplo y estandarte del homo homini lupus. La obra de Golding no me es ajena, puesto que me he leído el libro, he visto la película -nada desdeñable, por cierto- e incluso he trabajado una versión teatral. Y he visto, por supuesto, la genial parodia de Los Simpsons. A simple vista, la interpretación parece evidente: un grupo de niños perdidos en la naturaleza, aislados de la sociedad, al margen de los convencionalismos burgueses... que son incapaces de convivir en armonía y acaban matándose entre ellos. En un momento de la obra, uno de los niños menciona a Rousseau, ¿es una alusión clara de las intenciones de la novela o una simple y cruel ironía? Será empecinamiento mío, pero para mí el ilustrado francés está mucho más presente que Hobbes en todo momento. Creo que al leer la obra muchos confunden el fondo con el contexto. Golding puso a un par de niños en una isla: eligió unos personajes y un espacio de acción. ¿Cómo, a partir de un escenario imaginado, podemos extraer conclusiones sociológicas? Lo verdaderamente importante de la novela es lo que en ella se relata, las estructuras del poder: liderazgos, jerarquías, símbolos, la cultura del miedo. Los niños no se hicieron salvajes en esa isla, sólo se hicieron adultos.

Jack y los niños rebeldes, en una escena de El señor de las moscas



¿De dónde procede, entonces, la confusión? Quizás en la interpretación literal del mito, en la confusión de la naturaleza humana con la naturaleza en su sentido espacial. Muchos sociólogos tratan de desmentir el mito del buen salvaje a través de las tribus aisladas. Efectivamente, las tribus del África o del Amazonas pueden llegar a ser terriblemente atroces con sus semejantes, pero ¿en qué se diferencian a nosotros? Las llamamos sociedades primitivas, pero no dejan de ser sociedades forjadas a base del miedo y la superstición, exactamente igual que las sociedades occidentales. Y el número de víctimas que derivan de estas dos condiciones es sensiblemente menor en el caso de las tribus. Somos naturaleza, nuestro verdadero yo aflora cuando vivimos en libertad, pero vivir en libertad no es sinónimo de vivir con taparrabos en medio de la fauna. Creo que ya hemos superado eso. Somos seres únicos, el progreso es consustancial a nosotros. Pena que algunos sigan sin darse cuenta, después de doscientos mil años de existencia (y no me refiero precisamente a los que no han mantenido contacto nunca con el mundo occidental, sino más bien a los que están al frente de él).
Entonces, ¿a quién creer? ¿Hobbes o Rousseau? ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Probablemente ninguno de los dos tenga razón, pues los seres humanos estamos compuestos de centenares o miles de naturalezas distintas. Es una cuestión muy difícil de simplificar. Pero si no están ustedes satisfechos, si quieren encontrar una prueba empírica que les resuelva la cuestión, prueben a hablar con un niño de tres, cuatro años y hacerle un par de cuestiones. ¿Odiarías a alguien por su raza? ¿Por su sexo? ¿Por su religión? ¿Darías la espalda a tu mejor amigo, lo traicionarías, dejarías de jugar con él por, no se, un millón de chucherías?
El niño elegiría las chucherías, no seas ingenuo, estará pensando alguno de ustedes. ¡Ay, pobre de mí! Todavía tengo fe en la raza humana. A lo mejor no he madurado aún lo suficiente.

Joseph Merrick, interpretado por John Hunt en la película El hombre elefante

 
 
Hace poco vi El hombre elefante, una de esas películas que fascinan y emocionan porque sabemos que está basada en un caso real. De la película de David Lynch me fascinó, más allá de la asombrosa historia que narra, la radiografía del alma humana que realiza. En cuanto Joseph Merrick se pone a hablar, lo hace directamente a través de su alma, sin filtro alguno. Como si recién acabase de nacer, sus palabras son tan sinceras y tan libres de todo atisbo de vileza o falsedad, que atraen de forma magnética a la alta sociedad británica, y ya no es su físico, sino su interior, lo que provocará asombro y estupefacción. ¿Y qué dice Joseph? Sus primeras palabras van hacia el doctor que lo ha acogido y ha cuidado de él y son de agradecimiento “Es [usted] muy amable”. Si un hijo que acaba de nacer conociese la función del lenguaje y pudiese hacer uso de él, probablemente dedicaría las mismas palabras a su madre. Cuando este mismo hijo tiene dieciséis años y se encauza en la búsqueda de sí mismo en medio de una sociedad caótica y enquistada en un mar de doctrinas, prejuicios, ideologías, competencia, segmentación ¿cuántas veces se dirigirá a sus padres en estos términos?
Pero la película dice más acerca de nosotros. Enumero: 
 
-Joseph es un ser social: sólo quiere ser aceptado y tener amigos. Los humanos somos los seres más sociales que existen y esta gran capacidad debe ayudarnos a crear lazos que nos ayuden a seguir creciendo a nivel social y a nivel cultural.

 
-Joseph ama a las mujeres. Siente una irreprimible atracción hacia ellas, es parte de su naturaleza. Pero las admira por encima de todo, siente un enorme respeto hacia ellas a pesar del rechazo al que se ha visto sometido a lo largo de su vida y su mayor anhelo es obtener algún día, más allá de la aceptación, el amor de una de ellas. 
 
-Joseph es el humano liberado de todo ego. No tiene prejuicios ni conoce el concepto, no tiene deseo o aspiración que no sea otro que el ser feliz y sentirse realizado.
 
-Joseph es humanista por naturaleza. Las pasiones que en él se despiertan a partir de su renacimiento están relacionadas con el mundo del arte, la literatura. Ama el teatro, las novelas románticas. Su mayor proyecto e ilusión es construir una maqueta de una iglesia con cartón, que al final consigue y hoy todavía se conserva en el Royal London Hospital Museum. ¿Qué ocurre cuando a un niño de unos cuantos meses le das un par de lápices de colores y un papel? A lo mejor al principio trata de comerse los lápices, pero después, se pondrá a rallar el papel como un poseso, fascinado. Antes de que aprenda a sumar y a restar, antes de saber leer y escribir, ya sabrá dibujar a su padre, a su madre y la casa en que vive.




Maqueta auténtica de la iglesia construida por Joseph Merrick




El ego es el origen de todos nuestros problemas. Necesitamos un sistema que elimine por completo la competencia y nos ayude a avanzar a través de la cooperación. Nunca había entendido eso de que “el capitalismo es un sistema corrupto por naturaleza”. Yo decía que no, que los que estamos corrompidos somos los hombres, que la teoría de Adam Smith es perfecta: libre competencia y una mano invisible que regula el mercado y que calcula con exactitud el precio perfecto de los bienes en base a la ley de la oferta y la demanda. Siempre pensé que el problema del fracaso de los sistemas eran las personas, egoístas por naturaleza, que era imposible que el ser humano pudiese vivir en paz y en civilización. Que la ética y la moral sólo eran dos concepciones mentales ideadas por el hombre sin ninguna representación lógica en el plano de la realidad. Me equivocaba. El capitalismo no puede funcionar. Su éxito es sólo una ilusión, nunca tuvo un momento de auge o apogeo, fue un sistema decadente desde sus inicios y lo sigue siendo. No se en qué momento los humanos nos conformamos con un sistema que basa su crecimiento en la creación de desigualdades, no se cómo explotar el trabajo de los otros puede considerarse un talento humano, no se cómo podemos aceptar como parte lógica del proceso económico las crisis cíclicas que dejarán hambre, muerte y situaciones dramáticas cada pocos años. Como una especie de purgación que debemos sufrir para garantizar nuestro bienestar los próximos cinco, diez años hasta la próxima bajada; todo irá bien mientras no nos afecte a nosotros. ¿Qué clase de pensamiento enfermizo es ese? ¿Cómo podemos permitir las injusticias ajenas sin sentir resquemor ninguno por ello? En el instante preciso en que esto ocurre, el sistema ha fracasado, porque ha penetrado en nuestra alma y en nuestro cerebro y se ha ido propagando como un cáncer de tal forma que ha dejado de hacernos ver la realidad como humanos que somos y nos ha convertido en autómatas programados, en piezas de ese enorme y macabro tablero que es el sistema capitalista.







 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Por cierto, fue antes el huevo. Está científicamente demostrado.


24 de octubre de 2015

La mirada cósmica

El pasado lunes no podía parar de dar vueltas a una idea. No pude dormir bien porque en mi cabeza empezaron a surgir varias preguntas. ¿Qué significado tiene el ser humano? ¿Y la vida? ¿Y el universo? En parte, la culpa de esto la tuvo Blai Peris, debido a su último artículo. Comenzaron a llegar a mi cerebro nombres de autores, recuerdos que había tenido de mi corta existencia, hasta que, al final, di con la clave de la cuestión. Una vez esa idea se hubo agarrado profundamente a mi mente, no tuve más remedio que levantarme en medio de la madrugada a apuntar todo aquello, todas aquellas palabras, nombres, conceptos. Ideas, al fin y al cabo.

Este artículo podría ir ligado perfectamente con el que hizo Blai la semana pasada, como si fuera hermano suyo, una segunda parte o incluso un refuerzo a esa idea primigenia de la que habló Blai: el humanismo. Pero creo que hay un concepto que está estrechamente unido a ese, y que resuena en mi cabeza desde hace algunos años: la consciencia cósmica; una especie de iluminación, una epifanía, un momento de paz interior con uno mismo y con el planeta, con la naturaleza, con el universo. Se trata de un estado en el que el ser humano es consciente -esa es la mejor palabra para definirlo- de la vida, de lo que esta significa. Algunas personas a lo largo de la Historia han tenido la ocasión de experimentar esos momentos de consciencia. Son como una especie de catársis: de muerte y de nacimiento a la vez. Cualquier ser humano puede experimentarlo viendo cómo cae una hoja, mirando al cielo, al mar, u observando el movimiento de las ramas de los árboles. Nunca sabes cuándo la consciencia cósmica puede llegar a ti, hasta que lo estás viviendo, claro. En ese instante eres plenamente consciente del significado de la vida, de la naturaleza, del universo, del cosmos. Es un concepto difícil de explicar, y también de entender. Pero creo que es una idea que el ser humano, más alienado, materializado, que nunca, debe conocer.




Volviendo a leer durante estos días el artículo de Blai, creo que él experimentó esa consciencia cósmica por cómo se expresó en su artículo, por cómo rehuyó de lo material y dio importancia a la naturaleza del ser humano, a la vida. Hay un momento a lo largo de la noche, sobre las doce -más o menos-, que para mí resulta casi inexplicable. A esa hora salgo a la terraza de mi habitación y me pongo a observar, embobado, atraído por no sé qué exactamente, el parque que hay frente a la residencia universitaria en la que vivo. Este momento se torna un misterio. Es el único momento del día en el que no se escucha nada. Un instante en el que el silencio lo inunda todo. Se respira una paz, una tranquilidad, que no puedo explicar con palabras, como si todo lo que veo con mis ojos pasara frente a mí a cámara lenta. No creo que yo, cada vez que salgo a la terraza, experimente la consciencia cósmica, sino, más bien, es un momento de reflexión conmigo mismo y con el mundo.

Sin embargo, el otro día volví a salir a la terraza a eso de las doce de la noche. Pero esta vez no lo hice solo. Me acompañaba una canción de fondo. En su artículo, Blai proponía al lector una canción y que leyera lo que él había escrito con esa música de fondo. Me pareció muy buen experimento y una enriquecedora experiencia. Pero yo no os voy a pedir eso, lectores. Simplemente quiero que, después de leer este artículo, escuchen esta canción. Primero, con los ojos cerrados, y después, en un lugar en el que os encontréis cómodos.

Let there be light de Mike Oldfield no es una canción cualquiera, sino una que conecta con algo más, con algo que no llegamos a comprender. La primera vez que la oí imaginé que ante mí se mostraba el universo en su plenitud. Esa fue mi primera experiencia con la canción, pero luego, escuchándola más veces, vuelvo a teletransportarme, casi por completo, a un mundo interior y desconocido que me sirve de vía de escape al mundo real, al sistema decadente y materialista. Let there be light, hágase la luz, como una chispa que recorre lo más natural y puro del ser humano, de nuestra esencia primitiva. Edgar Mitchell, uno de los doce astronautas que han pisado la Luna, pasó por un momento de consciencia cósmica estando allí, en nuestro satélite. Mitchell, antes de viajar a la Luna, era una persona escéptica. No creía en energías o fuerzas que controlaran los hilos del universo. Ni siquiera creía en un dios. Pero al ver la Tierra desde la Luna, una sensación extraña, profunda, inundó su mente. Era la consciencia cósmica. Desde ese momento, la vida de Edgar Mitchell no volvió a ser la misma. Ahora tenía una mente abierta a todo tipo de conocimiento. Ahora sabía el secreto que guardaba la existencia humana, el secreto del universo.




Siempre he reflexionado mucho sobre la sociedad en la que vivimos. Hubo un tiempo en el que creía que la sociedad, el conjunto de personas que la forman, era mala por naturaleza. Ahora sé que eso no es cierto, que estaba equivocado, que la sociedad es equitativa al progreso. El ser humano es un ser social por naturaleza, desde su origen. Un ser social que no solo se relaciona con otros seres de su misma especie, sino también con los animales, e incluso con la naturaleza. El problema surge al hablar del sistema en el que vivimos. El sistema consumista ha rebajado nuestras capacidades mentales hasta el punto de no pensar, de dar paso a una comodidad analfabeta, de ser, incluso, borregos de nuestros propios inventos e ideas. En la actualidad, el consumismo rige nuestro nivel de vida. Nos importa el trabajo, el éxito, el pasar por encima de los demás, el comprar por comprar y gastar por gastar, el poder, la imagen. Hemos olvidado por completo nuestra naturaleza, nuestra espiritualidad. El arte, la literatura, los sentimientos, la libertad de pensamiento, la capacidad de equivocarnos. Cultura. Estamos perdiendo totalmente nuestra conexión con lo natural, con nuestra esencia. Si la sociedad sigue a este paso, viviendo en un sistema así, antihumano, antinatural, creo que nuestro fin no tardará en llegar. Ya cayeron grandes civilizaciones: griegos, egipcios, romanos... La corrupción del propio ser humano las llevó a ese fin: su final. Ahora, en el siglo XXI, parece que todo gira entorno a tres factores: sexo, dinero y poder. Y eso da como resultado la vileza, la envidia, la incultura -en términos de conocimiento-, las etiquetas, lo políticamente correcto. Dice Pérez-Reverte que la cultura es el único antídoto para todo esto. Yo también lo creo. O al menos lo quiero creer. Tengo fe en ello.

El ser humano pertenece a la naturaleza por esencia. Estamos destrozando esa parte de nosotros, y todo gracias a un proceso, un sistema, que se inició hace tiempo y que, como vemos, va perdiendo estabilidad con cuenta gotas. Tampoco es que vivamos en un sistema horrible. No digo eso. Simplemente creo que debemos volver a valorar lo importante: la vida. Decía José Luis Sampedro que el sistema es muy listo, que deja que ciertas personas lo critiquen para hacer creer a los ciudadanos que son libres, que tienen libertad de pensamiento. Igual los tiros van por ahí. Nos hace falta valorar más la vida, saber disfrutarla. Quizá la consciencia cósmica nos sirva para aprender eso, para dejar atrás tanto materialismo y aprender a valorar lo que realmente importa. El hombre primitivo estaba en contacto con la naturaleza, con la vida. En sus cavernas representaba la realidad de lo que veía, su día a día. El arte rupestre expresaba sentimientos, conocimiento. Tenían rituales para conectarse con algo que ellos sentían, con algo que los rodeaba. No estoy hablando de un dios. Estoy hablando de la naturaleza, de la fuerza del universo, del cosmos. En tiempos del pintor Rafael, la pintura servía para algo más que un objeto de decoración. El arte se veía con el espíritu, se sentía, más bien. En muchos lienzos, por ejemplo, se representaba a los niños mirando fuera del cuadro, como en La Perla, obra del propio Rafael. Era arte espiritual, que buscaba algo más. El Bosco también pintaba para llegar al alma, ya que pertenecía a una orden secreta -los adamitas- que creía en la naturalidad del cuerpo humano como un sentido de conexión espiritual. Incluso, Carlos V, tras haberse saciado de poder, decidió ir a retirarse a Cuacos de Yuste, un pequeño pueblo situado al norte de Extremadura. Y quiso ir allí para estar alejado del poder, de la corrupción, para limpiar su espíritu, su consciencia. En La Gloria de Tiziano está recogido ese hecho, entre comillas. En esa obra aparece Carlos V vestido con una sábana blanca, despojado de todo poder, de todo objeto material, clamando al cielo. Esa obra representa la muerte del emperador, y fue pintada siete años antes de que eso sucediera. Carlos V sentía que ese cuadro le conectaba con Dios. Por ello, decidió vivir los últimos instantes de su vida observándolo. Eso también fue un momento de consciencia cósmica, de pura catársis. El emperador vio los lienzos del cuadro, vio su imagen retratada ahí momentos antes de expulsar su última bocanada de aire, y se sintió cerca de Dios.

La Gloria, de Tiziano

¿Y quién soy yo para decir todo esto? Parece obra de un loco. A lo mejor lo soy. Pero esa es la cuestión, que en la sociedad actual, por hablar del espíritu, de la naturaleza del hombre, no se acepta que alguien lo diga, que alguien diga algo contrario a lo ya establecido. A veces necesitamos mirar más con la mirada de niño, con esa mirada de querer aprender y sorprenderse con lo que le cuentan. Es casi como una especie de consciencia cósmica, un mantra que los niños repiten constantemente. La mirada cósmica, podríamos llamarlo. Tenemos que abrir nuestra mente y no quedarnos siempre en A o B, estancados. Creemos que lo sabemos todo, que somos mejores que los demás, pero no es así. Siempre queda camino por recorrer, siempre quedan cosas por aprender, y nunca viene mal aprender de alguien o que alguien nos muestre un nuevo horizonte. Deberíamos aprender de la Historia y de nuestra Historia presente, la que está aún por hacer, de la que estamos haciendo; esta será la que realmente marque nuestro futuro. Por eso, la consciencia cósmica nos puede ayudar a despertar del embobamiento de un sistema que se creó mal, ya que desde su inicio chocaba con la esencia del hombre. Escapemos de lo establecido, abramos más nuestra mente y disfrutemos de la vida; gastémosla siendo conscientes de que la hemos disfrutado.