Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas

20 de diciembre de 2015

¿Y tú, a quién vas a votar?

-¿Y tú, a quién vas a votar?
-¿Yo? A Ciudadanos.

25 de mayo de 2014, elecciones europeas. Un hito cambió por completo el rumbo de la legislatura de Mariano Rajoy y marcó un antes y un después en la historia de nuestro país. Una candidatura encabezada por Pablo Iglesias Turrión, tertuliano de la tele, famoso por pelearse con los Inda, los Marhuenda, los del Gato al agua y demás morralla periodística, obtiene 5 escaños al Parlamento Europeo. Su partido, llamado Podemos, presentaba un programa electoral erguido sobre seis puntos: recuperar la economía, conquistar la libertad, conquistar la igualdad, recuperar la fraternidad, conquistar la soberanía y recuperar la tierra. Proponía, entre otras cosas, bajar la edad de jubilación hasta los 60 años, el impago de la deuda, un referéndum sobre la permanencia o no en la OTAN, renta básica universal y la nacionalización de los sectores estratégicos. Las televisiones se hacen eco de la sorpresa y todos esperan con expectación las declaraciones de su líder y máximo dirigente. Se espera un ambiente lúdico y festivo en la sede de Podemos. Sin embargo, Pablo Iglesias acude a rueda de prensa con un gesto serio y enfadado, y, ante los ojos de toda España, pronuncia sin miedo y con absoluta gravedad:
“No hemos nacido para ser una fuerza testimonial, hemos nacido para ganar. ¡Y vamos a ganar!”

-No, joder, no. Te han encandilado, te han vendido el discurso, te has quedado con la cara bonita, Ciudadanos va de centro-izquierda pero son tan de derechas como...
-Ciudadanos es de derechas, claro que sí. Desde luego, hay que ser inútil para tragarse la cantinela de que Ciudadanos es de izquierdas. En este país hay mucha gente que pasa de la política, pero por lo menos uno debería saber qué es lo que va a votar. Es de cultura general y es de sentido común, estamos hablando de algo que te va a afectar en la vida diaria, cojones.

En noviembre de 2014 Podemos alcanza su punto álgido, y se sitúa primero en intención de voto según la encuesta del CIS. La reacción del statu quo es implacable. Calumnias, etiquetas, portadas inquisitoriales, campañas de difamación. Ciudadanos, un partido que hasta al momento había ejercido una función residual en Cataluña, y que había acompañado al Partido Popular en casi todas las decisiones que se habían tomado en el parlamento, aparece de repente en las encuestas y será aupado por los medios de comunicación, que le otorgan una cuota de pantalla y le dedican editoriales especialmente afectuosas. Es el “Podemos de derechas” que había pedido unos meses atrás el Presidente del Banco Santander, Josep Oliu. La apuesta es segura: un joven jurista, guapo, aseado, que ya había demostrado sus habilidades retóricas.
Con la llegada de la campaña electoral los grandes empresarios se han lanzado en masa a financiar la que es su apuesta para la perpetuación de las políticas neoliberales llevadas a cabo por el Partido Popular. Anonymous le ha declarado la guerra a Ciudadanos y ha desvelado algunos de los nombres que participan en esta campaña: Mercadona, Marina D’or, la familia Kaczynski, Declan Ganley, Omega Air o el presidente del RCD Espanyol, Joan Collet, son algunos de los nombres que han surgido.

-Pero yo voy a votar a la derecha.
-Ya estamos. La derecha. Convencido de que los héroes patrios del IBEX 35 van a dedicar sus esfuerzos a hacer mejor tu vida.
-No no, desde luego que no. Las grandes empresas sólo defienden sus propios intereses. Escupen al trabajador y también a las PYMES y a los autónomos. Que Ciudadanos tenga el apoyo del IBEX 35 sí que es algo que me preocupa.
-No lo entiendo. ¿Por qué vas a votar a la derecha?
-Por que no voy a votar a la izquierda.

Mucho ha cambiado el programa electoral de Podemos respecto al que presentó en las Elecciones Europeas. La jubilación desciende sólo hasta los 65 años, se elimina el referéndum sobre la permanencia en la OTAN, se aparca de momento la voluntad de nacionalizar los sectores estratégicos; renta mínima garantizada, auditoría y reestructuración de la deuda pública y cumplimiento de los objetivos del déficit, aunque a un ritmo más lento del que nos va a exigir Europa.
Podemos cambia el discurso y deja de asociarse a la izquierda para tratar de conquistar la centralidad del tablero. Hablan en clave de “ciudadanía”, de la lucha de “los de abajo”, la gente, contra “los de arriba”, la casta. La izquierda ortodoxa renegará de ellos. Vendidos, traidores, socialdemócratas, sois solo otro partido más del sistema, un mecanismo que éste utiliza para evitar la subversión popular. Sumisos, continuistas, ¿dónde están vuestras ideas de revolución? ¿Dónde dejasteis los ideales socialistas, donde quedó vuestro apoyo a las revoluciones latinoamericanas?
La derecha más casposa seguirá tratando de etiquetarlos, encasillarlos, arrinconarlos. Chavistas, comunistas, frikis, buenistas, utópicos, mentirosos, ineficaces, déspotas. Y Pablo Iglesias, a lo suyo. En los debates de la tele, hablando de Churchill y de Keynes; y en la Tuerka, a vueltas con Gramsci, Marx y Laclau. El pueblo llano, mareado y desorientado, no sabrá a qué lado adherirse. ¿Me da usted un partido para el cambio? ¿Como lo quiere, templado, destemplado, medido, desmedido…?

-¿Sabes en qué consistió la reforma laboral del PP? ¿Sabes por qué ha bajado el paro? Porque ahora en vez de contratar a un trabajador por 1200 euros...
-A las empresas les sale más rentable contratar a dos personas a tiempo parcial por debajo del salario mínimo. La gente está tan desesperada que acepta cualquier sueldo.
-Coño, qué te voy a contar yo a ti, que te toca currar todos los veranos y conoces cómo funciona el mundillo. Si sabes que la derecha actúa en contra de tus intereses, ¿por qué la defiendes?
-A ver, hay dos cosas que no me gustan nada de la derecha: La precarización del trabajo y la privatización de los servicios públicos.
-Eso es igual que decir... que no te gusta la derecha.
-Sí. Supongo que no me gusta nada de la derecha.
-¿Y porque no votas a la izquierda? ¿Te gusta todavía menos?
-No es eso.
-¿Y entonces?
-No confío en su voluntad política. No creo que estos de Podemos vengan aquí con la intención de mejorar el país, más bien de destrozarlo.

Y llegan las alcaldías del cambio. Ada Colau, Manuela Carmena y Joan Ribó. Alcaldes que devuelven la ilusión y la dignidad a su pueblo y que, en apenas unos meses de gobierno, reducen en unos 100 millones la deuda municipal, desmontando el mito de que la izquierda no gestiona bien la economía. Y entonces entendí lo que es la izquierda. Y supe que izquierda no es un vídeo de Pablo Iglesias cantando la internacional con Pablo Hasel o un intelectual hablando del materialismo histórico. Izquierda es la gente de a pie, izquierda es cambio, dignidad, devolver al trabajador los derechos que le han sido expoliados durante todos estos años.

-¡No! ¡Izquierda es la clase obrera! ¡Izquierda es revolución! ¡Es terminar con el imperialismo y la sociedad de consumo, con la explotación infantil, con el capitalismo, con este maldito sistema criminal!

Muy bien, camarada. Tú sigue con tu lucha. Sigue ondeando tus banderas, sigue aferrándote a tus símbolos, mientras no haces absolutamente nada por cambiar un ápice de ese sistema que tanto (y con tanta razón) criticas. Dile a tu vecino, que lleva dos, cinco, ocho años sobreviviendo a base de trabajo precario y saltando de contrato basura en contrato basura, que su delicada situación es debida a la hegemonía cultural de los poderes fácticos. Él asentirá convencido, después encenderá la televisión y escuchará que la culpa de que no tenga un trabajo estable es que los inmigrantes vienen a robarnos el trabajo. Tu vecino votará hoy a la derecha.


-En lo que no confías es en la voluntad política de la derecha, porque sabes que la derecha actúa en contra de tus intereses, eso lo sabes perfectamente. Puede que desde los medios te hayan infundido el miedo respecto a la ideología que representa la izquierda. Pero no son más que falacias. Date cuenta de una cosa. Asumes que no te gusta nada de la derecha, asumes que la derecha no defiende tus intereses, pero no quieres votar a la izquierda porque no te fías de su voluntad política. Si esa última idea de repente se emancipara, encontraras una prueba irrefutable que la borrara de tu cabeza y te convenciera de su falsedad, ¿qué es lo que automáticamente pasaría?
-Votaría a la izquierda. Sí.
-Entonces... vaya, me has dejado con una mezcla de melancolía y desesperanza. A veces la izquierda peca un poco de dogmatismo, egolatría. ¿Por qué al iniciar la conversación inmediatamente asumí que estabas equivocado en todos tus conceptos? Si no te he tenido que explicar nada, si ves esa realidad tan palpable, que esta ahí, con los mismos ojos que yo lo veo. Si yo no te tengo que convencer de nada, nada más que es mi deber jurarte, prometerte de todo corazón... que estos chicos que vienen de forjarse en los barrios más humildes, de sacarse la carrera al tiempo que debían trabajar de camareros en cualquier cutrebar para sacarse sus perrillas, que los que vienen de parar desahucios y  luchar contra la corrupción, que los que vienen del campo o de defender a los trabajadores en los sindicatos, que incluso estos que vienen de ejercer la enseñanza en una educación pública y que son todos nietos de republicanos que se dejaron su piel, su vida y su corazón por luchar contra el fascismo... no vienen aquí con la intención de destrozar nada, no vienen aquí con la intención de montarse su chiringuito. No, no es a eso a lo que vienen. De eso estoy completamente seguro.

Podemos se ha ido moderando, pero también se ha ido rodeando de todo un equipo de expertos asesores y profesionales de primer nivel, que han ido articulando su propuesta de cambio. Tenían un objetivo, lo dijeron desde el principio, que era ganar estas elecciones. Otra cosa no, pero sin duda hay que reconocer que se han preparado y que han batallado para ello, con sus uñas, con sus garras, con sus dientes. Manteniendo en todo el momento el vilo, la esperanza, el carácter republicano de nuestros abuelos, aquel viejo anhelo de asaltar los cielos. Sé que muchos estaremos pendientes hoy de su resultado, y lo estaremos también del resultado de Unidad Popular. Porque he hablado con mucha gente que va a ir a votar con ilusión y con dolor. Con ilusión porque la izquierda, por primera vez en la historia, puede ganar unas elecciones en España. Con dolor porque su voto va a conllevar un sacrificio: o escaños o ideales. O cabeza o corazón, me han llegado a decir, ojalá pudiésemos aportar ambos órganos en nuestra papeleta, pero esta vez (otra vez) la izquierda tendrá que elegir. Y duele tanto porque sé que hoy la unidad de la izquierda no está tan rota como lo estuvo en las dos grandes derrotas que ha sufrido en este país: la Guerra Civil y la Transición. Lo noto, lo huelo, lo presiento. Estamos juntos en esto. El error, desde el primer momento fue no explicar bien qué era la izquierda, qué intereses protege, qué ideal de sociedad construye. El error fue no tener el orgullo y la valentía de defender desde el primer momento aquello que somos, aquello que queremos conseguir.  


-Pero y mira Syriza, lo que prometían y como acabaron.
-Claro, pero es que Grecia sólo representa un 2% del PIB de la Unión Europea. No tiene poder de negociación con la Troika.
-Ese es el problema. Europa son los poderes financieros y la derecha económica. No podemos hacer nada.
-Ah, entonces... sabes que la derecha no va a defender tus intereses, pero sin embargo la votas porque no hay otra solución, porque no se puede cambiar el rumbo que Europa ha tomado.
-Claro.
-Pues entonces...¡No salgas a votar! ¿De qué sirve entonces votar? ¿De qué sirve entonces la democracia? Coño... vivimos casi en una dictadura y tú mismo lo estás reconociendo. El único mínimo resquicio de cambio, de viraje democrático y social del que disponemos es aquel que experimentaremos el domingo 20 de diciembre. ¡Debemos aprovecharlo!
-Ojalá tuvieses razón, Blai, y ojalá te la pudiese dar dentro de cuatro años, pero no sé... hay que ser realista.
-Y voy a ser realista. Grecia es sólo el primer paso, pero en Portugal también ha llegado ya la izquierda. Nosotros ya sumamos un poquito más. Y si Corbyn llegara a ganar en el Reino Unido pues ese poquito se iría haciendo cada vez más grande. Querido amigo, se realista. Piensa en ti dentro de unos años. Piensa en tus hijos, en el futuro que les vas a dejar. Piensa, cuando formes parte de esa primera generación de la historia en la que los hijos van a vivir peor de lo que vivieron sus padres... cuando veas a tus hijos sin futuro y sin aspiraciones, mendigando por encontrar un trabajo vagamente remunerado en un sector que no es el suyo... piensa en el momento en el que te preguntarán: ¿Y oye, tú en las elecciones del 20 de Diciembre de 2015, a quién votaste? ¿Qué les dirás? Les dirás, ay hijos, en el fondo lo sabía, lo intuía, pero no me atreví, no tuve el valor necesario, no me fiaba del todo, quise ser realista, no creí que el cambio fuese posible. Me resigné, me acongojé. ¿Qué jodida lección de vida es esa?

He aprendido mucho en estos emocionantes años y he adquirido grandes lecciones. Pero hay una cosa de la que cada día me doy más cuenta. Vivo en un gran país. Me siento enormemente orgulloso de pertenecer a él. En mi país tan pronto como estoy con alguien discutiendo ferviente mis posiciones políticas estoy con ese alguien tomándome una cerveza entre risas y gracietas, hablando sobre cualquier tema o contando cualquier anécdota. Mi país me produce nostalgia y arraigo, porque es allí donde he forjado mis raíces, allí donde he vivido mis historias, es lo que me ha hecho ser la persona que soy ahora. Soy patriota, amo mi país, deseo lo mejor para él. Mi país se merece ser un país mejor, más digno, más rico, más orgulloso, mi país tiene hoy una oportunidad y se merece la oportunidad de aprovecharla.
Y es que ya lo dijo con gran acierto el sabio Mujica. Un país son tus amigos, y eso sí se extraña.





¿Y tú, a quién vas a votar? Mi buen amigo, con el que me encanta discutir, votará a la izquierda.




13 de diciembre de 2015

Estamos en campaña


Estamos en campaña electoral. Y se nota.

Se nota por la cantidad ingente de carteles con el rostro de Sánchez o Mariano pasados por el Photoshop. Alguno hay también de Soraya, cómo no.
Se nota por el gigantesco cartel de Ciudadanos desplegado en Atocha. Algunos ven la profecía de Orwell hecha realidad, yo veo una ridícula americanada.




Estamos en campaña y se nota. Se nota porque los políticos van a la televisión a echarse bailecitos, o al programa de Bertín Osborne a recibir una mamada. Rivera no ha ido, pero ya ha recibido la suya en el hormiguero (ese programa de humor cateto en el que de vez en cuando se hace política para catetos). Iglesias… a Iglesias nadie se la quiere chupar, pero él va siempre con la chorra fuera.
El que no recibe nada, ni felaciones, ni cariñitos, ni masajes en la espalda es Alberto Garzón. Al chaval lo marginan de todos los debates, es el pobre incomprendido de la política española. Lo peta en Twitter a cada debate, ese es su único consuelo. Un consuelo de mierda, vaya.


Estamos en campaña y se nota. Se nota porque la cocina del CIS trabaja a todo gas y el olor a refrito se expande por todas las comarcas. Aquí cada encuesta va a lo suyo. Ciudadanos segunda fuerza política. Porque así tiene que ser. Síganme, indecisos. Súbanse al carro ganador. Mayoría absoluta de la derecha. Síganme, indecisos. Súbanse al carro ganador.

Estamos en campaña y se nota. Se nota porque se habla de política en las calles. Se nota porque sabemos todos de economía, porque tenemos la solución al fracaso escolar. Se nota porque ahora nos preocupa la violencia machista, pero oigan, no hay problema compañeros, recuerden los ojos vidriosos de Soraya y su consejo de madre. Ya está todo solucionado. 51 víctimas mortales en lo que va de 2015.

Estamos en campaña y ya nadie habla de suicidios. 3870 personas muertas por suicidio en 2013 (último año del que existen datos en el INE), lo que supone un aumento del 22% desde el inicio de la legislatura. Estamos en campaña y ya nadie habla de pobreza. Un 29,2% de población en riesgo de pobreza o exclusión, las cifras más altas de nuestra democracia.

Estamos en campaña y no salen artículos hablando de la ley electoral. Informando a la población de cómo funciona el sistema de circunscripciones que emplearán el día 20, único indicio de la existencia de una democracia en este país. Ningún artículo explicando por qué miles de votos a Unidad Popular se irán directamente a la basura. Ningún artículo explicando al hombre de ciudad que su voto vale menos que el de las zonas rurales, que su voto pensado, analizado y consensuado desde su sentir racional, tendrá menos valor que el del anciano aislado de la estepa profunda que el día 20 introducirá la papeleta del Partido Popular, obedeciendo servilmente a los mandatos del Señor. España de zarzuela y castañuela, castiza, como el garrote que os atiza.

Estamos en campaña y nadie cuestiona a la Monarquía. Estamos en campaña y nadie cuestiona a la Iglesia. Estamos en campaña y nadie habla de brutalidad policial. Tenemos miedo y nadie quiere tocar el Ejército. Tenemos miedo y nadie quiere tocar el Estado. Tenemos miedo y la verdad nos da aún más miedo.

Pablo Iglesias sonríe. Albert Rivera cuenta contigo. Pedro Sánchez es la única opción de cambio. Mariano Rajoy ya tal.

Estamos en campaña y se nota, queridos lectores. A estas alturas, ya sólo les pido una cosa. No se dejen engañar.








29 de noviembre de 2015

De cómo me convertí en el líder de dos repúblicas


La política es una cosa complicada, amigos. Nada es nunca como parece, siempre detrás de los hechos hay intereses ocultos y una serie de relación de causas y consecuencias que se van dando a lo largo de la línea temporal hasta perpetrar este hecho. La lucha por el poder es una lucha donde no existe la honradez ni la moral, es una lucha para nada elegante, plagada de traiciones, enredos, promesas incumplidas, injusticia, castigo y muerte. Se nos dice que la lucha por el poder es la lucha entre los demócratas y los enemigos de la democracia, pero a veces esta batalla poco tiene que ver con lo que debería ser e históricamente ha sido, que es el enfrentamiento entre el pueblo oprimido y la clase opresora.

La política es algo que nos incumbe a todos y por tanto debería ser responsabilidad de todos tomar consciencia de en qué medida ésta nos afecta y qué podemos hacer nosotros por mejorarla. La política se organiza en diversos niveles y cada uno de ellos tiene también una importancia directa en nosotros mismos. Yo hasta hace poco era un apolítico del Whatsapp. Vivía tranquilo en mis grupos de Whatsapp, ajeno a lo que en ellos pasara, aferrado a mi posición de comodidad y echando la vista a otro lado frente a las injusticias que en estos se acometían. En uno de esos grupos, llamado Copichuelas, había un solo administrador, llamemosle Señor G, que gobernaba de la forma más feroz y autoritaria que os podáis imaginar. Son tales las atrocidades que cometió en el ejercicio de su cargo que todavía me cuesta retener las lágrimas de rabia cada vez que recuerdo alguno de los episodios acaecidos en aquella oscura etapa. Un día, por tanto, el pueblo se levantó en contra del opresor y yo lideré la insurrección con la creación de un nuevo grupo, con los mismos componentes, que iba a sustituir al antiguo. El grupo pasó a llamarse República Copichueliana, y lo administré junto con dos personas de mi confianza. La idea era crear un nuevo grupo que creciera bajo los valores socialistas y democráticos. No obstante, el anterior administrador no estuvo lógicamente conforme con la revolución, e inició un proceso de boikot: la guerra había empezado.



Si en algo debo coincidir plenamente con el revolucionario ruso León Trotski, tristemente asesinado por las fuerzas de seguridad soviéticas, es en su concepción de la revolución permanente, término de origen marxista. En un mundo históricamente dominado por los intereses imperialistas y donde todos los países tienen una altísima dependencia del capital financiero, es muy complicado que una revolución aislada pueda sobrevivir. Es por ello que sentí la imperiosa necesidad de llevar a cabo la revolución en otros grupos de Whatsapp, y vi en este ambiente caldeado la oportunidad para expandirla. Toda gran revolución comienza con un detonante, y los demás pueblos deben aprovechar el efecto de la onda expansiva para fraguar su propio proceso de emancipación. De no hacerlo, este efecto se irá reduciendo progresivamente hasta llegar a un punto en que el proletariado se mimetizará de nuevo con el sistema vigente y abandonará sus ideas de cambio. Así que inicié la estrategia para hacerme con otro grupo que también estaba administrado por el Señor G: La Cantina.
Muy pronto me puse a negociar con él. El que antes fue opresor ahora se tenía que sentar a hablar con un antiguo proletario, en una posición claramente de inferioridad. Fue como la visita de Castro a Eisenhower en 1959; no podía haber sensación más gratificante.

El pacto al que se llegó fue el siguiente: él me cedía la administración de La Cantina y yo a cambio le cedía la República Copichueliana, ambos seríamos coadministradores de ambos grupos. Firmamos, además, un pacto de no agresión para asegurar que ninguno de los dos expulsaba al otro del grupo para quedarse con el poder absoluto. Un acuerdo con el enemigo, pensarán algunos, pero también Hitler y Stalin tuvieron su luna de miel en agosto de 1939, con la firma del Pacto Ribbentrop-Mólotov. Una traición al pueblo en favor de las élites, al más puro estilo Tsipras, pensarán otros, pero a veces los defensores de los derechos del pueblo deben ceder en ciertos aspectos para asegurar otros. Llámenme socialdemócrata, qué le vamos a hacer.
Pero el terrible Señor G rompió el pacto de no agresión echándome de La República Copichueliana a las primeras de cambio. Por suerte, los dos administradores que había puesto reaccionaron rápidamente y le quitaron la administración del grupo, volviéndo a dármela a mí. Pero yo me vi entonces legitimado para echar al Señor G de La Cantina y quedarme yo sólo al frente del poder, puesto que él había sido el primero en atacar. La estrategia del engaño acabó por tornarse en su contra. Una gran lección democrática.





Proclamé la República Cantinera, relaté una Constitución y abrí un proceso de elecciones democráticas para elegir a dos nuevos administradores del grupo. Pero el tirano Señor G, sediento de poder, no cesaba en sus intentos por recuperar el grupo, y creó un grupo alternativo que rompía con la historia y el legado del grupo original, vigente desde el año 2013. Unas malévolas intenciones de las que trató de hacer partícipes a los otros miembros del grupo mediante su sofisticada retórica. De sobra es sabido que la historia de la política es la historia de la buena retórica: los grandes oradores son los que acaban alzándose con el poder, más allá de sus intenciones políticas. Así, personajes tan infames como Adolf Hitler, Ronald Reagan o Esperanza Aguirre llegaron al poder a través de unas elecciones. A pesar de la inestabilidad, yo seguía tratando de impulsar el proyecto democrático de la República y más del 70% de los miembros del grupo presentaron su candidatura a administrador. No obstante, un terrible e inesperado hecho estaba por acontecer.
Centrado en combatir duramente a la oposición, obvié el crecimiento de otras fuerzas que en un principio me parecieron apolíticas y, por tanto, carentes de amenaza. Así, cometí el error de otorgar demasiado poder a una figura mediadora, el Señor R, que aseguró estar de mi lado, pero que acabó por echarme del grupo, anular el Proceso Constituyente y ponerse a gobernar junto con su aliado, el Señor P, utilizando el terror como herramienta. Ocurrió del mismo modo que sucedió en la Afganistan de los años 80, cuando yanquis y comunistas se peleaban por el territorio obviando un problema que se estaba germinando y que hoy representa una gran amenaza internacional: el yihadismo. Igual que los talibanes se quedaron con Afganistan, el terrorismo de extrema derecha se quedaba con la República. Yo había sido exiliado, pero se hacía absolutamente necesario un Pacto de Estado para combatir el terrorismo. Como el que firmaron Rajoy y Pedro Sánchez tras los atentados de Charlie Hebdo, pero en plan serio. En seguida me puse en contacto con el Señor G para valorar qué acuerdo podíamos alcanzar. Paralelamente había acordado una reunión con el líder de los terroristas, el Señor R. Cierto que no es muy elegante lo de negociar con terroristas, pero a veces esta es la única posibilidad de hacer política. Hay precedentes: Zapatero negoció con ETA durante su segunda legislatura y todavía hoy continúan abiertos los diálogos entre el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos y las FARC.
Acordé a corto plazo el fin de mi exilio, pero ¿cuál fue mi sorpresa al volver? El líder terrorista había ejecutado a su aliado y ahora gobernaba junto con el Señor G. Tal y como sospechaba, el poder y el terrorismo habían mantenido conexiones desde el principio para echarme del poder. Al-Qaeda, Ansar al-Sharia, Daesh ¿Les suenan de algo los nombres? Efectivamente, lo sucedido en mi hermosa república no es un ejemplo aislado y hasta en la propia España el gobierno de Felipe González financió un grupo terrorista para combatir a ETA, como bien ustedes recordarán.
La nueva dictadura era un absoluto caos. Se había anulado la Constitución, se canceló el proceso electoral y no había libertad de expresión: me expulsaron sólo por haber tildado una medida de populista.



Pero si algo me daba fuerza en estos momentos tan duros, es saber que yo no era el único castigado por luchar por la paz, la libertad de expresión y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Antes estuvieron en la cárcel Mahatma Gandhi, Nelson Mandela y Martin Luther King. Uno de los referentes políticos de nuestro tiempo, José Mujica, también tuvo que pasar un tiempo por la cárcel para finalmente acabar convirtiéndose en uno de los presidentes latinoamericanos que más admiración han despertado y que ha conseguido poner de acuerdo tanto a la derecha como a la izquierda mediática. Arnaldo Otegi pondrá fin a su estancia en prisión en la primavera de 2016 y podría ser lehendakari antes de terminar ese año.
Consciente de que el Pacto de Estado no se iba a poder dar, reemprendí la estrategia de la negociación. La vía que utilicé fue la de ayudar al Señor R a hacerse una cuenta en Amazon a cambio de mi retorno al poder. Una cuenta que probablemente utilizará para comprar plutonio y armamento nuclear. Algunos me acusarán de colaborar con las actividades terroristas, quizás. Pero oigan, si España vende armas al régimen saudí y no se le considera colaborador del yihadismo, uno se siente legitimado para tomar cualquier medida que entre dentro de la legalidad vigente. De este modo, volví a ser administrador y Líder Supremo de la República.

Una vez retomada mi posesión del cargo y visto el fracaso de la anterior experiencia democrática decidí cambiar totalmente la estrategia de gobierno. No he sido yo el primero en darme cuenta de que la democracia no funciona. Ya lo dijo Platón allá por el S. IV a. C. y ahora estaba yo dispuesto a gobernar siguiendo los postulados de la aristocracia platónica, o gobierno de los sabios, tal y como él la llamaba. Suspendí las elecciones que estaban pendientes y puse como administrador a una persona de mi confianza. Reimplanté la Constitución, pero declaré de inmediato el Estado de Emergencia y quedaron suspendidas las garantías constitucionales. Era consciente de que para mantener la estabilidad del grupo debía gobernar con mano de hierro, del mismo modo que empleó Otto Von Bismarck para defender el II Reich o Robespierre para salvar el ideal revolucionario.

Y hasta aquí llega la historia. Ahora reina la concordia en las dos Repúblicas y se avecinan tiempos de paz y prosperidad. He aprendido muchas cosas de esta, mi primera incursión política. Ustedes también, espero, hayan aprendido mucho de este relato. Como que la lucha por el poder es una batalla turbia y repleta de engaños, donde no existe la ética ni el honor, como que el relato que nos transmite la clase política nunca coincide con la realidad que existe detrás. Como que el pueblo que cree, convencido, tener la soberanía, no adquiere significado ninguno en esta lucha. Pero ante todo y por sobre de todas las cosas, tengan presente una lección: si alguna vez ven mi nombre impreso en una papeleta electoral…

¡¡¡¡No cometan la locura de votarme!!!!





Dedicat a tots els membres de la República Cantinera y la República Copichueliana


22 de noviembre de 2015

Tópicos, desarraigo y libertad

Cuando me vine a estudiar a Madrid, hace poco menos de año y medio, lo cierto es que yo no tenía mucha idea acerca del conflicto catalán. Entendía lo que era y conocía las dos posturas, porque me había tocado vivirlas muy de cerca. Crecí en una zona muy particular dentro de lo que es el territorio valenciano, que de algún modo sobrevivió al yugo anticatalanista y a la destrucción de los valores culturales que han supuesto 20 años de gobierno popular en mi comunidad. He conocido a gente que ha defendido esto de la independencia desde mucho antes de que Mas se envolviera con la estelada y también he conocido a aquellos colmados del odio –más bien fobia– a lo catalán y a todo lo que se le pareciera. Yo me mantenía un poco al margen de este debate; si surgía, asentía con la cabeza y me ponía a pensar en otras cosas. Y, no obstante, parte de mí iba arraigándose cada vez más a esa tierra que me envolvía, cultivando la pasión por una lengua y una cultura que poco a poco han ido conformando mi pensamiento y mi identidad. Entonces no daba mucha cuenta del enorme valor que la cultura propia suponía para el individuo. Es cuando llego a la capital cuando, en cierto modo, me doy cuenta de lo mucho que tengo en común con los catalanes. Y no sólo con ellos, sino también con los vascos y los gallegos, como pueblos periféricos históricamente oprimidos y despreciados en pos de unos valores elitistas y conservadores que imperaron en la construcción de nuestro Estado y concibieron el patriotismo como sinónimo inequívoco de centralismo.
En medio de mi desarraigo, que fue también fascinación por un nuevo ritmo de vida, por sendas culturales que se me fueron abriendo la mente y que fueron conformando mi proceso de aprendizaje, fui también testigo directo de aquello que considero (y aunque fuese doloroso es inevitablemente cierto), es la raíz del problema que hoy nos atañe a todos: la gente habla sin saber.
No he dejado de escuchar opiniones y debates acerca del asunto catalán y no ha dejado de dolerme como si fuesen puñaladas cada uno de los tópicos y las trivialidades lanzados gratuitamente sobre Cataluña. Es dramático que en una institución como la universidad, que debería ser un rincón ilustrado y aislado de este tipo de interpretaciones, los debates surgidos en torno al tema no sean más que una retahíla de argumentos manidos y mal contextualizados eternamente repetidos por la prensa y las televisiones. Alumnos y profesores han sido componentes de estas discusiones, con sus diferencias en cuanto al uso de la terminología pero defendiendo, en esencia, el mismo discurso. No es el de Cataluña un tema excepcional; hace tiempo que me estoy dando cuenta de la falta de lucidez de una institución cada vez más absorbida por los avatares del sistema. Ya no quedan intelectuales en el siglo XXI.




No hay peor error que atacar a quien defiende con vehemencia unos motivos. Esta estrategia no hará sino alimentar la necesidad de afianzar la defensa hacia estos mismos motivos. Queridos y bienaventurados amigos españoles,
1.      
        1. En Cataluña no hay adoctrinamiento lingüístico.
En Cataluña lo que hay es una sociedad bilingüe, donde conviven dos idiomas con absoluta naturalidad. Donde hay una lengua con más de doce siglos de historia que forma parte intrínseca de una cultura y de una forma de vida muy particular. Amar esta lengua y querer preservarla no es adoctrinamiento, no es querer renegar del castellano ni nada parecido. Eso es una gilipollez. No hay nadie que sepa catalán y no sepa castellano. Los niños tienen derecho a dar clase en la lengua que quieran, pero no todos tienen presupuesto suficiente para ofrecer una linea en catalán y otra en castellano. Si usted no sabe catalán y se quiere comunicar con alguien, se comunicarán en la lengua común que es el español, que todo el mundo conoce las funciones del lenguaje, pero no se mosquee por dar un paseo por Las Ramblas y escuchar a la gente hablando catalán en los bares. La vida es demasiado corta para estar siempre cabreado.
Donde sí hay adoctrinamiento es en la Comunidad Valenciana, donde el castellano es casi siempre el idioma utilizado en el parlamento, en los juzgados y en la televisión pública (hasta su desaparición), donde el castellano es siempre la primera opción en los rótulos indicativos cuando no es la única, donde en 2001 se creó la Academia Valenciana de la Llengua, un organismo regulador para una lengua que ya estaba regulada, y cuya creación atiende a motivos puramente políticos. Todavía hay un gran porcentaje de personas que se creen que el valenciano y el catalán son lenguas distintas, y para mi sorpresa he podido comprobar que esta es una quimera también muy extendida en el resto de España, es una cuestión que no se deja del todo clara en las escuelas. En mi comunidad ha habido un partido que ha vehiculado el odio hacia todo lo catalán como estrategia electoral y que es curiosamente el mismo partido que más ha contribuido al auge del independentismo.

2.       2. No podéis saber si Cataluña sobrevivirá económicamente o no a la independencia.
Voy a objetar el hecho de que Cataluña tiene algunos de los puertos más importantes de la Unión Europea y de que su relación entre PIB y población es asombrosamente similar a uno de esos países que están tan de moda ahora como es Dinamarca. Por muy instruido que uno sea y por muchos conocimientos económicos que uno tenga –aquí he de reconocer que yo tengo muy pocos–, siempre va a haber alguien que te va a rebatir tu exposición sobre la supervivencia de una Cataluña independiente con una serie de argumentos igual de convincentes. Así son los debates económicos, y por eso siempre trato de rehuir de ellos y tratar de encontrar otro tipo de perspectivas. Pero es que aquí el debate no es ese. No importa si Cataluña sobrevivirá o no. No importa que te gastes todos tus ahorros en alcohol y apuestas deportivas, mientras seas mayor de edad eres libre de hacerlo y nadie tiene derecho a impedírtelo. Cataluña quiere gestionar su dinero, simple y llanamente, y lo podrá hacer con mayor o menor acierto, con muchas o pocas dificultades, lo que piden es tener esa oportunidad y por tanto abrir el debate en esta dirección no sólo no ayuda a combatir el independentismo sino que es una total y absoluta pérdida de tiempo.

3.      3. El futuro del pueblo catalán lo decidirá el pueblo catalán.
Esto es algo que puede resultar más o menos frustrante, pero que es irrefutable y no admite lugar a discusión. Todo pueblo es soberano para decidir su propio futuro, así queda reflejado en la Carta de Derechos Humanos. Comprendo que haya quien pueda negar el derecho a la autodeterminación de los pueblos y sea partidario de la no celebración del referéndum y del uso del imperio de la ley como maquinaria para combatir el independentismo. Pero lo de celebrar un referéndum donde voten todos los españoles no es más que una manera de salir al paso asegurándose que no hay riesgo alguno de ver afectados los intereses propios. Pero no cuela. Nosotros somos responsables del devenir de un solo pueblo, que es el pueblo español. Si Cataluña quiere formar parte de ese pueblo, estupendo. Pero si su voluntad es la de alzar su bandera al viento y enderezar su navío hacia otros mares, nuestro deber consiste en apartarnos y dejarlos navegar en paz.


Una última cosa que creo que debo dejar clara, porque de no hacerlo sé que más de uno se ceñirá todavía más a su propio discurso tras la lectura de este artículo.
Yo no soy independentista. No lo era antes de venir a Madrid y tampoco lo soy ahora. De hecho, los que hayan seguido mis artículos tendrán más o menos claro cuál es mi idea sobre los nacionalismos. No puedo refrendar un proceso que ha sido históricamente liderado y dirigido por la burguesía catalana, a lo sumo, peor o igual que la burguesía española (sin por ello obviar que la razón de sus intereses les ha originado una mentalidad mucho más progresista). Celebro, en cambio, la presencia clave en el parlamento de ese grupo “radical antisistema” “extremista” y “pseudo-terrorista” que es la CUP que, además de todo eso, es probablemente el partido político más coherente y democrático que ha habido nunca en el parlamento catalán. Un partido capaz de desafiar al statu quo catalán y encaminar el proceso hacia una senda verdaderamente transformadora. La independencia de poco servirá si únicamente consiste en añadir otra frontera a este cada vez más globalizado mundo. En ese sentido, me preocupa la vacuidad del discurso independentista que ha movilizado a la población, un discurso carente de sentido crítico, de una simpleza (“España nos roba”) demasiado preocupante de cara a una decisión tan sumamente importante.
Creo firmemente que la independencia no puede ser un fin. Ha de ser una herramienta de cambio, es decir, una revolución democrática. Sólo en este caso yo podría apoyarla, pero no por fervor nacionalista ni por odio a España, sino por solidaridad y empatía hacia un proceso de cambio. La bandera de la independencia tiene que se la estelada vermella. La tradicional, pese a su carácter apolítico, me recuerda demasiado a la blavera. Nosotros los valencianos, pese a que ese sentimiento de emancipación permanece todavía sin aflorar, ya nos hemos liberado de la franja azul tras las últimas autonómicas y municipales. Espero que los catalanes sean capaces de seguir esa senda, decidan o no marcharse. Y que sean capaces de identificar al enemigo cuando estén solos, cuando no puedan acusar a España de todos sus males.




Un pueblo libre es un pueblo soberano. La dictadura del capital financiero mantiene a todos los países esclavos de los grandes imperios y de los intereses burgueses. Sonará romántico y trasnochado, pero sigue siendo así casi dos siglos después del nacimiento de Marx. El TTIP, La reforma del artículo 135, el fracaso del gobierno de Tsipras, día tras día nuevos ejemplos que demuestran la poca independencia económica de la que gozan los países. Podemos seguir aferrándonos a nuestras banderas, pero iluso aquel que crea abrazar a su pueblo cuando abraza a su patria. Las fronteras ya sólo sirven para crear odio y para alimentar el racismo y la xenofobia. Ya no sirven para resguardar ninguna identidad, ni histórica, ni económica, ni cultural. Sólo son mera distracción, el nuevo “opio” del pueblo, el método más sencillo que tiene hoy el poder para ejercer y legitimar sus medidas de dominación. Cataluña será independiente, pero mi mayor deseo es que algún día consiga ser libre. Mientras que ese día no llegue, seguiré diciendo cuando viaje a otros países que soy español, que en mi país siempre hace buen tiempo, que vivo en la costa, en un sitio donde la gente sabe hablar dos idiomas, donde los jóvenes escuchan música combativa y donde se hacen unes arroces exquisitos. Si el día acaba por llegar, entonces cuando sea extranjero y me pregunten de dónde soy, sonreiré de forma nostálgica y soñadora, desviaré la mirada dos segundos, cavilando, y entonces fijaré mis ojos en los de mi interlocutor y le diré, con orgullo y firmeza, que soy hermano del pueblo catalán.




14 de noviembre de 2015

Viernes negro en París


La noche del viernes 13 París ha vivido uno de los episodios más terribles de su historia. Hasta ahora se han confirmado 127 muertos y más de 90 heridos graves en un baile de cifras que no ha dejado de aumentar en la pasada madrugada. El Estado Islámico ya ha confirmado su autoría en lo que viene a ser el mayor atentado yihadista producido en la Europa occidental.





Los hechos comenzaron en los alrededores del Stade de France, donde se estaba disputando el partido amistoso entre las selecciones de fútbol de Francia y Alemania. Tres explosiones producidas por kamikazes se escucharon y fueron captadas por las cámaras que retransmitían el partido en directo: la primera a los 16 minutos, la segunda a los 45 minutos y la tercera al inicio de la segunda parte. Estas explosiones no produjeron víctimas a parte de los propios kamikazes: eran la señal de guerra. A pesar de ello, el partido no fue suspendido para no provocar el pánico de los 78000 espectadores, que tuvieron que ser aislados en el interior de estadio por motivos de seguridad y no fueron desalojados hasta pasadas la una de la noche. Ya conscientes del drama vivido, los aficionados entonaron 'la marsellesa' a la salida del estadio.

El presidente François Hollande estaba presente en el estadio y fue inmediatamente desalojado tras la primera explosión. Poco después se producían una serie de tiroteos en el este de París: en la calle Charonne, en la Fontaine au roi, en la calle Alibert y en el bulevar Voltaire. Estos tiroteos se llevaron un total de, al menos, 49 muertos, entre ellos uno de los atacantes. Sobre las 21:45 se produjo el ataque en la sala de fiestas Batacan, donde se celebraba un concierto de música del grupo Eagles of Death Metal. Cuatro asaltantes de entre 15 y 18 años irrumpieron a cara descubierta en la sala, con capacidad para 1500 personas, armados con fusiles de asalto kalashnikov, y vaciaron tres cargadores sobre los presentes en un tiroteo que duró más de 10 minutos. Después tomaron al resto de personas que no habían conseguido huir como rehenes durante más de tres horas, hasta que las fuerzas especiales consiguieron entrar el teatro y recluir a los terroristas en la segunda planta. Tres de ellos activaron sus cinturones explosivos, el cuarto fue abatido a tiros.

Para entonces, el horror estaba servido. Quedaban por contar los cadáveres de Bataclán, que en medio de la madrugada elevaron el número de víctimas hasta las 127 que, de momento, hay confirmadas. Hollande había declarado el estado de Emergencia y anunciado el cierre de fronteras. El 13-N ya era parte viva de nuestra historia.



Estos han sido los sucesos. No tenía previsto tener que hablar sobre algo tan terrible. Había preparado un artículo sobre el proceso catalán que subiré el domingo que viene. No me alegra haber tenido que cambiar de planes. Pero quiero dejar constancia de dos cosas sobre las cuales debemos reflexionar muy seriamente tras este trágico episodio:






Primero. Me ha parecido absolutamente deplorable y vergonzosa la actitud de las televisiones españolas frente al suceso. Una vez se conocieron los hechos, ninguna televisión se dignó a cortar su hedionda mierda de programación para informar en directo sobre lo que estaba ocurriendo. ¿Qué era aquello tan importante que estaban retransmitiendo, que no se podía interrumpir bajo concepto ninguno? En TVE, cine; En Antena 3, Tu cara me suena; en Telecinco, Sálvame deluxe; en Cuatro, Hermano mayor y en La Sexta, Equipo de investigación. Nuevamente la radio e Internet fueron los mejores aliados para quienes quisimos estar informados. Antena 3 sólo cortó Tu cara me suena ya casi a las 12 de la noche debido a la presión de las redes sociales y ofreció un breve de 8 minutos, para luego seguir con el programa musical. El Canal 24 horas (junto con 13 TV) fue el único que dedicó una cobertura en directo, pero cabe destacar que este canal tiene una audiencia media que no llega al 1% de share. Un dato que anoche multiplicaron por ocho para alcanzar una cifra de 7,7%, por lo que los directivos no pueden escudarse en la audiencia para justificar el hecho de que no cortaran la conexión. Los ciudadanos no somos tan ignorantes ni tan desinteresados como algunos pretenden hacernos creer.

Aquí vengo a elogiar, eso sí, el trabajo del equipo de TVE 24h que realizaron una excelente cobertura del suceso conectando frecuentemente con diversos corresponsales y manteniéndonos al tanto de las reacciones internacionales. No he de decir lo mismo de la calidad del debate que se llevó a cabo en el plató, comandado por periodistas rancios y de la derecha más casposa, pero poco más podíamos esperar de TVE. Por lo menos me mantuvieron informado, eso sí, siempre un paso por detrás de los medios digitales y tres pasos por detrás de Twitter.









Segundo. Que esta tragedia no sirva para alimentar el odio a los refugiados y la islamofobia. Ya lo dije tras los atentados de Charlie Hebdo, y hoy lo vuelvo a reivindicar. No debemos culpar al Islam por estos crímenes. Mucho cuidado con confundir las causas del problema con sus consecuencias. Los refugiados que están llegando a todas partes de Europa huyen de los mismos asesinos que ayer perpetraron el ataque a la capital francesa. Allí en Siria hay miles de musulmanes que están luchando por liberar a su país de las garras del ISIS. Este tipo de atentado que tanto nos escandaliza es el pan de cada día para los países en que el Estado Islámico tiene instauradas sus bases. El jueves mismo, tuvo lugar un ataque terrorista en Lebanon (Líbano) que dejó decenas de muertos y no he visto un solo medio de comunicación que se haya hecho eco de ello. Os dejo una imagen del hecho:





Y para los que defienden el cierre de fronteras, con tal de asegurarnos de que ningún ISIS se infiltre en los refugiados, cabe recordarles una cosa. La Guerra de Siria la hemos provocado nosotros. El ISIS ha sido un grupo armado, entrenado y financiado por los países de la OTAN, con Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia a la cabeza. El presidente Hollande admitió hace unos meses haber entregado armas letales a los rebeldes sirios. Los motivos, una vez más, los intereses petrolíferos. Ahora es, por tanto, nuestra responsabilidad acoger a los refugiados. De todos modos, dudo mucho que los miembros del ISIS, la mayoría, por cierto, mercenarios reclutados a través de Internet, necesiten esconderse entre los refugiados para acceder a los países de Europa. La mayoría ya están instalados, o pueden viajar a través de otros métodos más cómodos.




El presidente Hollande con Salmán bin Abdulaziz, dictador de Arabia Saudita, uno de los países que han financiado el ISIS


Cría cuervos y te sacarán los ojos. El ISIS es producto de las políticas imperialistas llevadas a cabo por los países occidentales, que ahora no saben como reaccionar frente a un problema que se les ha ido de las manos. Pasó con Al-Qaeda y vuelve a ocurrir ahora. No aprendemos de nuestros errores. Y mientras tanto, las televisiones callan y se llenan la boca de palabras vacuas y políticamente correctas. Ocultando a la gente la raíz del problema lo único que consiguen es seguir fomentando un odio injustificado que cada vez está más asentado en nuestra sociedad. Hoy Europa llora lágrimas rojas, blancas y azules. Por la noche en Oriente Medio las estrellas verdes gritarán con angustia y dolor, testigos una jornada más de las masacres que el hombre acomete en nombre de un dios que no nos acogerá. Este es el mundo que entre todos hemos provocado. Hoy yo lloro nuestra desgracia.