Bueno,
pues aquí estoy otra vez escribiendo, debutando en el nuevo blog que
continúa la aventura iniciada en la Red-Acción y en el que
nuevamente, me siento enormemente agradecido por poder participar. A
lo mejor no es el mejor día para estrenarme, puesto que considero un
alto porcentaje de nuestros lectores afines deben estar disfrutando
de esta pequeña dosis de libertad que en este puente se nos ofrece.
Y es que estos días la gente se ha vuelto a sus pueblos o se han ido
de vacaciones para celebrar y para aprovechar las múltiples
actividades lúdico-festivas que los ciudadanos de esta nación han
puesto en marcha para celebrar por todo lo alto su hispanidad. Sí,
mañana es 12 de octubre. Mañana es la Fiesta Nacional. La gente se
lanzará a las calles ondeando la bandera en una potente expresión
de orgullo y amor por la patria. Que dices sí, bueno. Vale. Pero yo
me he puesto a pensar, a divagar, cómo suelo hacer, y me he dicho
¿qué coño se conmemora exactamente el 12 de Octubre?
Según
argumenta la Ley 18/1987 “la
fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica
en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción
del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la
integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia
un período de proyección lingüística y cultural más allá de los
límites europeos”. Pues nada, sí, a celebrarlo, que estamos a
punto ¿eh? Pero yo me digo ¿cuándo vamos a terminar el proceso?
A no ser que se refiera a eso de “la
integración de los reinos de España en una misma monarquía”, ya,
sí, ese proceso si que terminó hace ya muuuucho tiempo.
No,
venga, que no me lo trago, yo quiero saber qué vamos a celebrar
mañana, qué es realmente la hispanidad, cómo se respira su
esencia. Y para eso yo creo que nos tenemos que remontar muy atrás,
hacia los tiempos en que el tatara-tatara-tataranieto del celebérrimo
creador de la marca de detergentes Colón tropieza con un cacho de
tierra desconocida y sus descendientes empiezan a frecuentarla para
quemar bosques, construir iglesias y violar a las indígenas. Yo creo
que más o menos por ahí empezó todo. Cuando la inminente nueva
clase social burguesa empieza a enviar barcos vacíos al otro
continente y un reducido pero suficientemente notable bultito empieza
a asomarse en la entrepierna de nuestros monarcas cada vez que un
nuevo territorio es consquistado. Eran tiempos felices, de carpe
diem, tempestad bucólica y narices superlativas. Y eso al principio
estaba guay, pero luego eso del carpe diem y el antropocentrismo se
desmadró demasiado, llegó la ilustración y los gabachos empezaron
a cortar las cabezas de los reyes. Y claro eso ya no molaba. De todos
modos en la estepa castellana el wifi siempre ha ido un poco lento y
también estaba la gente demasiado ocupada luchando contra molinos
gigantes, así que para cuando llegaron esas ideas modernas ya nos
daba mucha pereza ir a cortar cabezas, además que los plebeyos no
tenían guillotina y la azada bastante mierda tenía que arrastrar ya
todo el día como para ponerse a partir cervicales. Y como El
espíritu de las leyes era
demasiado largo nos leímos el Leviathan
así, salteado, e ideamos una especie de despotismo ilustrado que
luego derivó en un turnismo de palo en el Siglo XIX, digo de palo
porque muy de acuerdo no se ponían los señores burgueses que
acababan siempre utilizando el ejército y encima se les coló una
república ahí por el medio. Y luego llegó 1898, los yanquis nos
mearon en la cara y finalmente, en el imperio español, se puso el
Sol.
Pues
así fue más o menos al principio. El concepto de hispanidad como
redención absoluta al monarca y a la religión, como conducta
megalómana junto con un total y absoluto desconocimiento de la
realidad global. ¿Y
la europea?
Sí bueno, a eso me refiero. Hispanidad como símbolo de pobreza de
los pueblos y del retraso económico, tecnológico e industrial en
relación con las otras naciones. Pero también es cierto eso que se
dice de que “en este país hay de todo”. Llega el siglo XX y la
cosa se empieza a caldear, tiemblan los cimientos de la Restauración,
ladra
un perro andaluz y Gasset publica La
rebelión de las masas.
Y el hombre-masa queda en evidencia tras el Jueves Negro, y se tiene
que enfrentar a los ávidos lectores de Marx, Engels y Bakunin, al
espejo candente de la Revolución de Octubre que llega a nuestra
nación tras el escepticismo que flota en el ambiente a la muerte de
Miguel Primo de Rivera. Y llega la Segunda, llega el Frente Popular,
y España deja de ser católica.
Y
aquí también hay algo de hispanidad. Aquí en la herencia que nos
dejan cinco años de República, y tres más de Guerra Civil. En la
confrontación de dos ideales opuestos incapaces de coexistir, por
pura lógica y definición, igual que no pueden coexistir el odio con
la solidaridad, la tradición con el progreso, la muerte con la vida.
Y Picasso pinta el Guernica.
Y
quiero creer que en ese grito de angustia que emana de una de las
obras de arte más maravillosas del siglo pasado, hay, por lo menos,
una pizca de hispanidad. Que la hispanidad fue lo que movió a miles
de españoles a los campos de batalla, pero también a miles de
franceses, alemanes, italianos y obreros de todos los países que
llegaron a Madrid a defender con los fusiles la victoria del
socialismo y de la democracia. Que hispanidad llenó de caligrafía
borrosa las libretas de Miguel Hernández en el frente de Jaén y lo
siguió haciendo en sus últimos años, metido en un angosto
calabozo, a pesar del dolor, a pesar de la derrota.
Porque
hay que reivindicarlo, hispanidad también era todo aquello. Y el
hecho de reivindicarlo es, más que un convencimiento, una
responsabilidad. Porque no hacerlo sería robustecer el discurso
dictatorial que en este país arrebató el concepto de hispanidad a
unos para otorgárselo a otros, a partir de sus propios criterios,
basados en el odio y la discriminación.
Un discurso que todavía algunos mantienen. Un discurso fascista,
conservador, autoritario. De algún modo, eso también es hispanidad,
también hubo gente que murió por ello, y también mañana ondearan
banderas sobre el convencimiento de estas ideas. Es lamentable, pero
no debemos olvidarlo.
Llegó
la dictadura y la Guerra Mundial, Berlanga se marchó a jugar con los
nazis, Manuel pasó a ser el Machado bueno, Mercader mató a Trotsky
de un pioletazo, Hitler se pegó un tiro, Berlanga volvió y rodó
Bienvenido
Mister Marshall.
Nos hicimos amigos de los yanquis, les perdonamos lo de 1898 y
dejamos de lado a nuestros hermanos cubanos que fraguaban la
revolución por ellos mismos e hicieron de una isla de 7 millones de
habitantes un ejemplo de emancipación y uno de los símbolos de la
Guerra Fría. Y mientras tanto en nuestras ciudades, curas y
cachetazos, leche en polvo y queso americano; en nuestras montañas
guerrilleros supervivientes, nostalgia, lucha y esperanza. Y a pesar
de que nuestro país se sumía en las sombras de una dictadura que
parecía no tener fin, que el mundo se congelaba en medio de una
guerra ideológica comandada por líderes psicópatas y codiciosos
que aprovecharon la creciente tensión política para corromper e
institucionalizar sus regímenes, todavía había fuego y luz en una
generación que salió a la calle a hacer historia en mayo del 68.
Victor Jara cantaba su Manifiesto,
y con Vientos
de pueblo evocaba
los versos que Miguel Hernández había escrito unas décadas atrás.
Y hermandad e hispanidad se fusionaron a través del vehículo
cultural: lengua, arte y costumbres que nos vinculan con un
continente que hoy todavía sigue buscando su identidad, y a pesar de
todas las dificultades, sigue degustando con pasión el fruto de su
recién lograda libertad.
Aquí,
mientras tanto, l'avi siset estiraba la estaca, y con él todos
hacíamos un pequeño esfuerzo, y al final, de tanto estirar, la
estaca se rompió. Llegó la democracia y la Constitución del 78, e
hispanidad fue por primera vez consenso, fue por primera vez
entendimiento entre iguales. Y nuestra democracia creció en el
contexto de la lucha por los derechos humanos, Mandela y Martin
Luther King se convirtieron en los nuevos referentes y dejaron atrás
la polarización causada por los viejos anhelos. Cayó el muro,
triunfó el capitalismo, y el sistema que -como el comunismo- dejó
llantos, muertes y decadencia en todos los rincones del mundo, se
instaló y se mimetizó en nuestra democracia y se convirtió en la
insignia y baluarte de la por fin lograda libertad. Y un poco de eso
será también lo que celebraremos mañana. Celebraremos que el
hombre, a veces, olvida con demasiada facilidad su pasado, su
historia, su lucha. Que crecemos y, muy a menudo, dejamos de ser
jóvenes, de ser inconformistas. De ver una injusticia donde antes
podemos ver una oportunidad, un beneficio. En eso consiste madurar,
al menos en este país.
El
presente muy pronto se convertirá en pasado, y las lágrimas
derramadas se las llevará la marea y se confundirán en la amplitud
del océano. Celebraremos con orgullo nuestro día, sin saber qué es
el orgullo. Hablaremos del coraje de nuestros antepasados, y
olvidaremos el coraje que no tendremos. No sabremos quiénes son
nuestros hermanos y, en nombre de la democracia, elegiremos como
padres a los mismos que nos reprimieron y nos asesinaron unos años
atrás. Pero habrá quienes, insatisfechos, alzarán su voz y
pelearán. Se levantarán y expresarán su descontento, tendrán
anhelos, ideales, ilusiones, lucharan por una sociedad mejor y,
finalmente, serán derrotados. Vacuos, ingenuos, ignorantes. Sus ojos
dejarán de brillar, morirán, y las olas seguirán pacientes su
curso por el vasto mar. Pero estos pobres perdedores, serán memoria,
serán generación. Escribirán un capítulo en nuestro libro que
será por siempre recordado. Un capítulo que será narrado,
estudiado, analizado, rememorado, debatido, mitificado y
desmitificado. Serán parte de esa experiencia colectiva que conforma
la auténtica e imprescindible hispanidad. Y lo mejor, es que no
serán españoles, ni catalanes, ni hablarán castellano, argentino o
mejicano. Hablarán todas las lenguas, tendrán infinitas
nacionalidades, porque estarán en todos los rincones del mundo
creando nuevas experiencias y escribiendo juntos. Mañana es 12 de
Octubre, queridos lectores. Que pasen un feliz día.
Muy bueno.
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