Dime
lo que ves, me preguntó. Solo una persona débil y llena de temor, carente
de belleza física, sin pasado y sin un futuro…
Siguió insistiendo en que expusiera
lo que veía y le contesté. La lista de errores e imperfecciones crecía y crecía;
nada parecía cambiar. En ese momento me hizo callar y dejó caer la fina cortina
que me separaba de lo real. Pude apreciar una triste
figura cabizbaja: No se atrevía a mirarme. Parecía triste y avergonzada.
Diversas cicatrices, golpes
y graves heridas marcaban su pálida imagen. Intenté acercarme, atravesar aquella
realidad paralela a la mía. Una lágrima se deslizó lentamente en su mejilla. Mi
corazón se detuvo.
Permítame
ayudarle, le supliqué. Por
favor, se lo ruego.
No dirigió palabra, simplemente
realizó un gesto. Gesto que heló mi universo por completo. Hizo que me acercara y la
mirara profundamente.
Mi garganta se secó, mi corazón se convirtió en un panel
de hielo y mis ojos se nublaron ante la multitud de lágrimas que se aproximaban.
No se trataba de nadie más. Era un reflejo de mi vida; un reflejo de mi misma.
Casi sin poder pronunciar
palabra exclamé con lloro amargo: ¿Es…es un reflejo de lo que acontecerá? ¿Cómo
terminé en este estado?
Bajo una atmósfera de
desconsuelo sus brazos rodearon mi cuerpo y con voz cálida me dijo: aquello que
ves es el reflejo de tus palabras. Cuando menosprecias tu vida, tu forma de ser
y pensar; aquello que tienes…cuando te comparas, reduces tu valor a nada y de
forma constante proclamas palabras de odio y menosprecio.
Esto no lo puedes apreciar a
simple vista, puesto que tendemos a mirar de forma superficial, pero si
indagamos profundamente podremos darnos cuenta de cómo somos en realidad.
Le miré con tristeza, pero
con profundo agradecimiento…
Superficie lisa y brillante
perteneciente al cristal. Aquello que ves reflejas y reflejarás. No se te
permite margen de error. Eres el puro reflejo de la verdad y la perfección. Ocultas
tantos secretos en tu interior que muchos no se atreven a consultar tu sabiduría.
Solo encontrarían lo verdadero, y eso les aterra; temen romper su débil ilusión
fundada en mentira, y muchas veces temor…
Una pequeña cortina
aterciopelada me separaba de la verdad. Lo dejé pasar por muchos años…
Lo sé, también fui uno de
ellos.
D.V

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