“Tendemos a convertir nuestras vidas en prisiones: El guardia te lleva
hacia tu celda. Sientes la presencia sofocante de tu nuevo hogar. Te imaginas
cada vía de escape posible. Soñabas con cómo iba a ser tu vida, y los sueños no
terminaban así.
En la noche te despiertas preso de pánico, temiendo que vayas a derrochar
toda tu vida aquí. Te hundes en la desesperación.
Siguen pasando los días. La desesperación se convierte en aceptación. Odias
todo lo que hay en este lugar, pero en tu corazón empiezas a creer que
realmente debes estar aquí.
Los meses se hacen años. Te sientes tan cómodo entre estas paredes que, sin
darte cuenta, dejas de soñar con salir jamás.
Un ruido horrible te despierta en la noche: un hombre aparece en la puerta.
Él pagó tu deuda, te puedes ir. En vez de alegrarte te paralizas en temor...Este
lugar es todo lo que conoces ¡Debes estar aquí! ¡Mereces estar aquí! Aquí te
sientes cómodo. Le dices que quisieras salir pero que no puedes…Esta celda es
tu hogar ahora.
Con un corazón apenado acepta tu decisión, cierras la puerta y él,
simplemente, se aleja…”
La celda, Dan Stevers
Hoy no he conseguido escribir; las
palabras ya han hablado por sí solas. No hace falta explicación. Simplemente,
magnífico.
Atte: una servidora.
“La novedad atrae la
atención y aún el respeto, pero la costumbre lo hace desaparecer pronto; apenas
nos dignaríamos a mirar el arco iris si éste permaneciese por mucho tiempo en el horizonte”.
Berthold Auerbach

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