''...prescribimos
a los Hijos de Israel que quien matara a una persona que no hubiera
matado a nadie ni corrompido en la tierra, fuera como si hubiera
matado a toda la Humanidad'', (Sura 5, vérsiculo 32).
El
Corán, el libro sagrado de los musulmanes, recoge este mandato en
una de sus suras o capítulos. Si uno lee el Corán, puede
ver, conforme va avanzando en su lectura, que es un libro
contradictorio, con una doble moral. El 60% de sus textos habla sobre
la guerra, mientras que el otro tanto por cierto se centra en las
buenas enseñanzas del islam. Con los atentados de París de la
semana pasada, la sociedad occidental se ha visto inmersa en una
oleada de terror. El ISIS se ha convertido en el enemigo público a
batir por Estados Unidos, Europa e incluso Rusia. Con una difusión
de puro marketing, y con una realización de vídeos al estilo hollywoodiense, el Daesh ha sembrado la semilla
del miedo en el viejo continente. La idea principal del islam más
radical es la implantación de un califato. Sin embargo, no toda la
umma -los creyentes musulmanes- sigue las ideas impulsadas por
el radicalismo.
''¡Creyentes!
¿Qué os pasa? ¿Por qué cuando se os dice: id a la guerra por
causa de Dios, permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida
de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida de acá
comparado con la otra, sino bien poco...?'', (Sura 9, versículo 38).
''Si no vais a la guerra, [Dios] os infringirá un doloroso castigo.
Hará que otro pueblo os sustituya sin que podáis causarle ningún
daño. Dios es omnipotente'', (Sura 9, versículo 39). Parece que
el Corán incita a los creyentes a hacer la guerra santa, a luchar
contra los infieles. Todo por el nombre de su dios: Alá.
Lo
que tristemente pudimos ver la semana pasada en París es
consecuencia de esos mandatos más radicales y bárbaros del Corán
y, evidentemente, del ISIS, el nuevo Al-Qaeda. Los atentados del
13-N, la suspensión del partido de fútbol que enfrentaba a Alemania
contra Holanda en Hannover o el asalto policial en Saint-Denis son
algunos de los acontecimientos que nos ha dejado la última semana y
que han calado en el imaginario colectivo de Occidente. Al-Qaeda ha
quedado atrás, ahora se alza ante nosotros un nuevo grupo
terrorista, mejor preparado, que tiene como base algo imparable: el
terror.
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| Plaza de la República (París). Flores en honor a las víctimas del atentado. |
El
radicalismo islámico viene de lejos. Desde la separación de la umma
en dos: chiíes y suníes, y revisando el pasado más cercado (la
Guerra de Irak), podemos llegar a comprender, en parte, todo lo que
está sucediendo estos días. El ISIS nace de Al-Qaeda y, tras
destronar al grupo terrorista liderado por Osama Bin Laden, comienza
a hacerse conocido al participar, por ejemplo, en la guerra de Siria.
La idea principal del nuevo grupo yihadista es restablecer el
califato de la Edad Media. En Occidente consideramos esta etapa como
algo oscuro, pero en el mundo musulmán, la Edad Media es la edad de
oro. Actualmente, el ISIS controla gran parte del territorio de Siria
e Irak. Ya allí, desde que se inició la guerra siria, imponen su
mandato a base del derramamiento de sangre; a ello se debe la llegada a Europa
en este último año de muchos refugiados sirios, que huyen de esta
barbarie. Siria es un país destruido, no solo por los escombros de
edificios que podemos ver en imágenes, sino también porque, a pesar
de que sigue habiendo un gobierno, es el ISIS quien controla parte
del país.
Lo
que hay que preguntarse es de dónde saca el grupo terrorista su
fuente de ingresos. El ISIS, al estar asentado en Siria e Irak, tiene
a su disposición una rica fuente de financiación natural. El Estado
Islámico controla yacimientos de petróleo que utiliza para
financiarse, vendiendo el crudo en un mercado negro. A pesar de esto,
se estima que gran parte de sus ingresos los consigue a través de
donaciones públicas y privadas provenientes de países del Golfo
Pérsico e, incluso, de Occidente. Pero la cosa no queda ahí. En
Siria e Irak, se cree que el ISIS controla unos 24 bancos de la zona;
bancos, además, que están en activo y que el grupo terrorista
utiliza para financiarse, pues la comunidad económica internacional
no ha puesto de momento ninguna sanción para impedir esto. De esta
forma el grupo yihadista consigue un presupuesto de más de dos
millones de dólares para seguir con su guerra santa.
El
ISIS avanza conforme pasan los días, sintiéndose más fuerte y
viéndose capaz de restablecer su ansiado califato islámico. Tras
los atentados de París, al ISIS ahora se le llama Daesh. Ambos
términos son lo mismo. ISIS supone tomarse a este grupo de
asalvajados como un Estado en sí, y Daesh como la unión de varios
grupos yihadistas que quieren crear un Estado islámico. Da igual
llamarlos de una forma u otra, ya que en Siria el ISIS actúa como un
Estado, imponiendo sus leyes religiosas a los pueblos que va
conquistando, cobrando impuestos que ayudan a su financiación y
reclutando gente para sus filas yihadistas.
Según
los datos que se conocen, el ISIS cuenta con un ejército de unos
treinta mil hombres. Debemos entender que es una organización mucho
más preparada que Al-Qaeda, empezando por su líder, Al Baghdadi, y
terminando por esos yihadistas que se inmolan. El ISIS tiene un
ejército de hombres que hace la guerra a través de las armas y, por
otro lado, un ejército de yihadistas suicidas. Viendo algunos de sus vídeos,
podemos observar que cuidan hasta el más mínimo detalle. Los
miembros del ISIS son gente con recursos, que saben idiomas y tienen
estudios. Los cabecillas que preparan atentados o ataques son
personas inteligentes y, dentro de la organización, tienen una mayor
esperanza de vida; no corren la misma suerte los que se inmolan. Para
la captación de adeptos, el ISIS utiliza sobre todo las redes
sociales. A través de Internet promueven sus ideas y su marketing.
De esta forma consiguen reclutar miembros en Europa.
En
España también tenemos este problema. En zonas cercanas, como Tánger
o Castillejos, e incluso en Ceuta (en el famoso barrio de El
Príncipe) o Melilla, el ISIS se infiltra entre la población
tratando de reclutar nuevos miembros. Así, en
Ceuta, por ejemplo, muchos jóvenes se han marchado a hacer la guerra
santa, incentivados por miembros yihadistas ocultos en la sombra. Las
personas que unen al ISIS lo hacen, o bien por el fanatismo religioso
que sienten, o porque están en paro y necesitan dinero. La mayoría
de españoles y marroquíes que son captados por la célula
terrorista son utilizados como suicidas. El Estado Islámico les
promete unos 3.000 euros por inmolares, y que ese dinero
irá destinado a sus familias. Al final, cuando el suicida se hace
explotar a sí mismo y mata a un número de personas, el ISIS no
cumple su promesa.
![]() |
| Barrio de El Príncipe (Ceuta). |
Marruecos
es una zona cero para el ISIS, un nido de cuervos del que nace el
terror que los terroristas quieren expandir en Occidente. La cercanía
del país con Europa -en concreto, con España- facilita la llegada
de yihadistas al viejo continente; el tráfico de drogas que se da en
Tánger, Ceuta o Castillejos favorece no solo al reclutamiento de
nuevos miembros, sino también la entrada de yihadistas a través del
estrecho de Gibraltar.
Con
la globalización, la llegada de inmigrantes a los países
occidentales es un mantra que se repite durante años, algo a lo que
estamos acostumbrados, a pesar de que en Occidente sigan existiendo
focos racistas. El gran problema que debemos considerar
en Europa, a raíz del 13-N, es que pueden existir grupos yihadistas
inmersos en nuestra sociedad. Es más, los cabecillas de los
atentados de París habían nacido en el viejo continente. A
diferencia del caso de Marruecos, donde los reclutados suelen ser
personales marginales, muchas de los que que se unen al ISIS en
Europa tienen estudios y vienen de familias medias. La clave para
entender su inmersión en el radicalismo islámico la encontramos,
quizá, en la inadaptación social, lo que les hace, por tanto, más
susceptibles de unirse al ISIS. El racismo sigue existiendo, es
cierto, pero al igual que ni todos los musulmanes son yihadistas, no
todos los europeos son racistas. La integración de los inmigrantes
en una sociedad empieza por aceptar su cultura, cosa que se hace -en
parte-, pero también debe conseguirse por medio de la colaboración
de los propios extranjeros.
El
problema que supone el yihadismo es que este se asocie con los
refugiados sirios, tal y como está sucediendo. La xenofobia, el odio
hacia el inmigrante, solo trae consigo la victoria del ISIS, la
separación de dos culturas, que es lo que los yihadistas quieren. La
cultura es conocimiento. Hay diferentes modos de expresión de la
cultura, es cierto, pero conocer las bases que sigue otra sociedad es
algo muy enriquecedor. Si seguimos una línea racista y de odio,
estamos consiguiendo que el ISIS nos desestabilice. Ahora más que
nunca, todas las culturas del mundo, pero sobre todo la occidental y
la islámica, deben estar unidas.
![]() |
| ''El islam es paz'', dice la pancarta en una manifestación en Milán. |
''Los
verdaderos creyentes son aquellos cuyos corazones están penetrados
de terror cuando se pronuncia el nombre de Dios, aquellos cuya fe
aumenta a cada lectura de sus enseñanzas, aquellos que no ponen su
confianza más que en su Señor'', (Sura 8, versículo 2).
Matar en nombre de Dios, provocando terror, no es cosa de valientes.
El ISIS es una nueva forma de terrorismo, pero, más bien, es una
forma de terror. Y eso es lo que debemos evitar. A partir de ahora
tendremos que acostumbrarnos a vivir con avisos de atentados casi
todas las semanas. Las cosas no van a ser igual ya. La sociedad
occidental se ha sumido durante años en el buenismo, en creer que
nada malo nos iba a pasar, y con los atentados de París nos hemos
dado cuenta de que estamos en el punto de mira. Siria lleva viviendo
esta realidad desde hace cuatro años. Ellos huelen la sangre cada
día. Los yihadistas no tienen miedo a morir, y nosotros -la amplia
mayoría- quiere seguir viviendo en el confort. En vez de hablar de
una Tercera Guerra Mundial, deberíamos pensar más en la sociedad
occidental, en su debacle, en la crisis de valores a la que nos
enfrentamos. El terror propagado por el ISIS nos los está mostrando
más que nunca. La sombra del ISIS se cierne sobre Occidente, quizá
es hora de despertar de una vez, de dar más importancia a la vida,
de educar a los jóvenes en espíritu crítico, de tener más cariño por
nuestro planeta, de ser más humanos. Y de combatir el terror.
Grecia, Roma, Egipto. Esas, entre otras civilizaciones antiguas, ya cayeron, en parte, por la decadencia interna de sus
sociedades. No permitamos que a nosotros nos ocurra lo mismo. Que el
11-S, el 11-M, el 13-N, la guerra de Siria y los atentados que se
producen aquí y allá sirvan para hacernos cambiar, para que no se
produzca nuestra caída.



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