Muchas veces sin darnos
cuenta no somos conscientes de lo que perdemos. Aquello que es
verdaderamente importante para nosotros y recordamos esa frase tan
renombrada “solo apreciamos algo cuando lo hemos perdido”. A
veces porque no hay otra salida y nos es arrebatado y por más que
queremos no podemos recuperarlo. La perdida de un ser querido donde
nuestras lágrimas amargas y cristalinas esta reflejado aquel cariño
y amor que ahora solo serán para el recuerdo. Ese recuerdo en forma
de fragmentos que asaltan nuestra memoria con una sonrisa agridulce.
Podemos perder aquello
que queremos por nuestra voluntad y nuestro error. Ese error que nos
invade, anula nuestros sentidos y nos controla como un simple títere:
orgullo. No somos capaces de poder escuchar más que nuestra propia
voz y no nos damos cuenta de que estamos perdiendo algo que una vez
fue importante para nosotros. Poco a poco lo alejamos de nosotros sin
darnos cuenta que destruimos aquello que una vez construimos o
conseguimos, pero que ahora pierde su valor y su encanto.
Nos damos cuenta de que
hemos perdido aquello que formaba parte de nosotros, al volver el
tiempo y nuestra voluntad. Vuelven a su lugar y pensamos con claridad
y firmeza. Nos asaltan esas preguntas que nos dividen: ¿podemos
recuperar aquello que perdimos?, ¿debemos asumir nuestro error?,
¿realmente era importante para nosotros?.
En este punto podemos
tomar dos caminos: recuperar aquello que perdimos o dejarlo ir.
Pensar aquello que creemos que es lo correcto y sin el futuro sentir
resentimiento hacia nosotros mismos o arrepentimiento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario